Bilbao es, o debe ser, una de las catedrales del toreo. Madrid, Sevilla, Bilbao, Valencia y esa histórica Barcelona, muerta en vida por mor de una política estúpida, de un empresario enganchado de la faja por el toro de los cines que mantiene muerta en vida la historia, el presente y el futuro de una ciudad que llegó a dar más toros que Las Ventas de Madrid. Cuando voy a Barcelona, cada vez menos, siempre hago una visita a la Monumental del olvido, del maltrato y el abandono. Lo que levantó el abuelo lo han marginado hijo y nietos. Y ahí está cubierta por el polvo del olvido la plaza en la que torearon todas las figuras de la historia y su tiempo. Y de la segunda plaza que alternaba con la Monumental es ahora un centro comercial o algo parecido, porque cuando paso cerca de su esqueleto apenas la quiero mirar. Las Arenas se llamaba.
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