Sobre el torero Diego Puerta quedan pocas cosas que contar. Siempre se ha admirado su valor, su estilo sevillano, pero me gustaría hacer referencia a su inteligencia. Se podría no entender que fuera tan inteligente cuando los toros le cogían tantas veces. El toreo de Diego Puerta era una apuesta sobre la vida y la muerte. Cincuenta y seis cornadas son muy pocas para el sitio y el estilo torero de este seise sevillano, dotado de la gracia de los azules cielos de su tierra natal y de una casta que dejó siempre atónitos a sus rivales en la plaza.
La inteligencia de Diego Puerta y su bondad personal caminaban de la mano. Sólo un hombre muy inteligente escribe su inmensa historia en apenas dieciséis años en activo, se marcha de los ruedos por la puerta grande y no vuelve nunca a ponerse un traje de luces. No le hizo falta irse y volver muchas veces para ser historia grande de la edad de plata del toreo. Fue un elemento fundamental de ese tiempo de toreros grandiosos como Pepe Luis Vázquez, Luis Miguel Dominguín, Antonio Ordóñez, César Girón, Curro Girón, Curro Romero, Rafael de Paula, Mondeño, Victoriano Valencia, Manolo Vázquez, Paco Camino, Jaime Ostos, Fermín Murillo, Chamaco, Miguelín, El Viti, Julio Aparicio, Litri, El Cordobés, Antonio Bienvenida, Rafael Ortega, Joselito Huerta, Antoñete, Paquirri, José Fuentes, Palomo Linares, Ángel Teruel, Manolo Cortés, Curro Rivera, Rafael Torres, Manzanares, Dámaso González, Galloso, Ruiz Miguel y José Antonio Campuzano, matadores con los que se enfrentó en los ruedos. Todos expresaron en su momento su admiración por quien salía al ruedo a ganarles la pelea, pero que era siempre su amigo y compañero. Todos han cantado sus méritos, su derroche de arte sevillano, el arrojo permanente, su sangre fría para seguir en los ruedos incluso estado herido o la entereza para torear con las heridas sin curar. Un torero de los que ya no hay. Puerta, El Viti y Camino, el cartel más repetido de los años sesenta y setenta del pasado siglo...
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UN TORERO INTELIGENTE
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