El pasado 3 de febrero Manuel Perera sufrió un grave accidente de tráfico cuando regresaba de participar en el bolsín de Ciudad Rodrigo. Las secuelas del siniestro todavía perduran y una de ellas es la razón por la que el novillero torea sin montera.
El fuerte golpe que sufrió aquel día le produjo una lesión alrededor de la cavidad del ojo izquierdo y un hundimiento craneal y del hueso frontal. La reconstrucción de esta última requirió de la implantación de unas láminas de titanio que le recubren parte de la frente y que le impiden acoplarse correctamente la montera.
“Lo que me implantaron son placas de titanio. Van a trocitos, no es una placa entera. Esas ya son fijas, están ahí para que el hueso fragüe -para que el hueso se acople poco a poco de nuevo-”, explica el novillero.
La localización del implante, en la zona frontal, interfiere con la colocación de la montera y es lo que provoca las molestias a la hora de llevarla: “La montera me hace mucha presión y no lo aguanto. Duele mucho e incluso me da calambres”, cuenta. Desde la última operación, la zona todavía está inflamada, lo que además agrava el dolor.
Otro de los problemas que supone para él no poder lucir la montera es, según explica, “que en algunos sitios la gente no me conoce y no sabe por qué no la llevo. De ahí surgen comentarios. Por eso estoy deseando ponérmela”, concluye.
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Un torero sin montera: el caso de Manuel Perera
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