Ni una semana sin un gran fiasco. ¡Joder! El de esta semana, palabras mayores, fue la Beneficencia. La historia grande por los suelos. La expectación mediática que tanto cuesta ganar a tomar viento. Los locutores del prime time una vez más hablando de toros y decepción, como si fuesen conceptos inseparables. Malditos sean. Malditos seamos. Y no sólo por el resultado artístico de la misma, que también. Lo duro fueron las circunstancias, el ecosistema le llaman ahora, la movida perversa, puro vicio, que se generó en la previa, la dejadez oficial, ¿dónde estabas Abella?... que acompañó a su desarrollo. Y así acabó todo como acabó. No es el primer caso ni tampoco será el último. Esa es la pena. La táctica se sabe, presión, presión, presión y un parte de baja médica a punto cual si fuese una bomba de mano.
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Una bomba sin espoleta
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