Gómez del Pilar ha sorteado el mejor lote de la corrida de Dolores Aguirre y ha sabido exprimirlo hasta la última gota con mucha serenidad, mesura y buena colocación.
La corrida de Dolores Aguirre, en su vuelta a Madrid tras seis años de ausencia, ha mantenido el interés de los más de 16.000 espectadores que han acudido esta tarde a Las Ventas. Los dos garbanzos negros han sido, sin duda, para el murciano Rafaelillo, que pese a su experiencia con esta clase de toros ha estado a punto de tener un percance, porque su segundo tiraba los pitones como el lanzador de cuchillos del Circo de Ángel Cristo.
Alberto Lamelas ha aparcado el taxi para afrontar su tarde con todas las de la ley. Y la verdad es que ha estado en sus dos toros batallador, entregado y exponiendo hasta sacarles el mayor partido posible. Sobre todo, a su segundo lo ha entendido muy bien, pero cuando la faena comenzaba a tomar cuerpo el animal ha tascado el freno y le ha puesto final por su cuenta y riesgo. Con la espada, un cañón, el esforzado Lamelas.
Gómez del Pilar ha sorteado el mejor lote y ha sabido exprimirlo hasta la última gota con mucha serenidad, mesura y buena colocación. Tanto con el capote como con la muleta no parecía que la temporada pasada hubiera toreado sólo dos corridas, y hoy fuera su debut en ésta. Así de solvente ha lucido esta tarde el torero madrileño. Ha cortado una merecida oreja a su primero y, de haber acertado con la tizona en el sexto, quizás hubiera abierto la puerta grande. Méritos ha hecho para ello, sobre todo teniendo en cuenta las pocas oportunidades de que está gozando en su esforzada carrera.
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