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Una corrida surrealista

El mano a mano de El Juli y Roca Rey ha resultado un fiasco, por culpa de una corrida de El Vellosino auténticamente surrealista. Yo al menos no había contemplado jamás nada parecido. Cuatro animales anunciados como toros, pero que parecía cebús enrazados con cabras montesinas.

El mano a mano de El Juli y Roca Rey ha resultado un fiasco, por culpa de una corrida de El Vellosino auténticamente surrealista. Yo al menos no había contemplado jamás nada parecido. Cuatro animales anunciados como toros, pero que parecía cebús enrazados con cabras montesinas. De la mitad para adelante exageradamente altos con pitones montados sobre la testuz y ojos de loco, y de la mitad para atrás con cuerpo de cabra y trasero de pato. Algo inaudito que no recordaba para nada la estampa de un toro bravo. El último de la tarde no era un toro, era un delito, o un escarnio que es mucho peor. Uno no había visto nada más antiestético en su vida. Pero es que además han sido mansos, rajados y esaboríos. No eran malos…simplemente no eran. Tal parecía que se había hecho objeto de una broma macabra al público que llenaba la plaza a reventar.

Los del Vellosino han sido un auténtico atentado. Parecían sacados de las pinturas de las Cuevas de Altamira o de un cuadro surrealista de Picasso. Con esos bueyes no han tenido más remedio que arar El Juli y Roca Rey. Solo El Juli cortó una increíble oreja, a base de altas dosis de su reconocida entrega y de la generosidad de un público que quiso calentarse las manos, en la atardecida gélida que se nos echó encima de improviso, para mayor inri. Se trataba de aplaudir cualquier resquicio de toreo que recordara las posibilidades de ver un duelo entre un torero consagrado y otro que llega con los mejores auspicios. Señuelo que lo había llevado a la Plaza. Pero los toros del Vellosino eran más inconstitucionales que Puigdemont y su escudero Rufián. Y con ese material, el aburrimiento y la decepción eran ineludibles.

Dicen que esa corrida la escogió Morante. Quizás ya había pensado en quitarse de en medio y les colocó, con los del Vellosino, una bomba fétida a sus compañeros para que se acordaran de él. Pero los que más han recordado a quien exigió tales toros han sido los espectadores. Y no me pregunten en que términos. Suerte que por allí anduvo Ventura a caballo, y puso un poco de alegría en la tarde, que sino aquello habría sido la antesala del infierno.

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Una corrida surrealista

Paco Mora

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