Hace más de medio siglo que Salvador Gavira compró la vacada de Marzal, una ganadería formada con una miscelánea de encastes de la que surgió un toro con una personalidad que fue fijando todavía mucho más Antonio Gavira. Hoy en día, otro Salvador, hijo de Antonio y nieto de aquel primer ganadero, lleva el mando de este legado desde hace seis años. Dejó todo para seguir construyendo la obra de su padre y ahora, una vez definida la tipología del gavira, abre nuevos senderos en busca de más bravura.
"Granada siempre la llevo en el corazón y nos hemos empeñado en llevar el toro de hechuras perfectas y que tenga clase y fondo. La corrida de este año es de una belleza brutal y con unas hechuras muy especiales"
"Gracias a la selección de mi padre, me puedo permitir el lujo de obsesionarme más por la raza que por el tipo; los gustos del público son otros y hay que adaptarse"
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Una forma de vivir el toro
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