Con el San Isidro taurino ya en el Cabo de Buena Esperanza, ha quedado patente que si para algo está sirviendo el larguísimo serial es para entronizar definitivamente el toraco de más de seiscientos kilos, como si la casta y la bravura pudieran ser sustituidas por toneladas de mansedumbre y carne trémula. El cenit de tal despropósito lo marcó el pasado domingo día 27 la desesperante corrida de doña Dolores Aguirre. Ese día, la “oportunidad” de Las Ventas fue para Rubén Pinar, Venegas y Gómez del Pilar un caramelo envenenado, con el que la única hazaña posible fue sobrevivir en el empeño.
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