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En medio de un aguacero, Manuel Escribano se entregó voltereta incluida para estoquear por derecho al exigente quinto. Una oreja de ley que el palco ninguneó de manera incomprensible. Frente a los elementos -lluvia y viento- Ferrera firmó los mejores naturales, posiblemente, de la feria en una gran serie sobre la zurda al enclasado cuarto. Momentos brillantes del extremeño, lástima de la climatología. También José Garrido mostró actitud en otra faena bajo la lluvia en el sexto en una tarde condicionada por la tormenta desatada a partir del cuarto toro. La vigesimocuarta de San Isidro, en el objetivo de Javier Arroyo.
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