Más de medio siglo hace que Julio de la Puerta comenzara su andadura como ganadero de bravo y más de una docena de años que como un legado mantienen viva su memoria sus diez hijos y 37 nietos. Una ganadería forjada en la tradición y en la fidelidad a unas costumbres donde toman rango el toro y el caballo, como un todo indivisible. Dos líneas, dos encastes pastan en La Valdivia, finca madre de esta casa. Una parte amplia, de origen Juan Pedro, sostenida en más de 140 vacas. Y otra, a modo casi de reducto, de origen Vazqueño, compuesto de 60 hembras y 4 sementales.
- “Para nosotros nuestro padre fue un hombre irrepetible que nos marcó y que nos enseñó que a través del trabajo, la constancia y la humildad en esta vida se pueden lograr muchas cosas”
- “Un toro bravo tiene que mostrar expresión seria pero gustar, enamorarte. Debe ser un toro fino, con pitones y con cara, pero siempre con la cara colocada”
- “El que no humille y no tenga calidad no puede decirse que sea un toro bravo por mucho y bien que se mueva”
- “La selección es primordial para el desarrollo de una ganadería y debe ir acorde a los tiempos actuales de la Tauromaquia. Las vacas deben tener fondo y duración, ser muy completas en todos los tercios y cuanto más completas sean mejor”
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Una suma de tradiciones
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