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Una vida dedicada a Miura y al toro

Conocedor, que no mayoral, porque así se les dijo siempre a estos hombres de campo en casa de los Miura, y así se les seguirá llamando pese a las modernidades del lenguaje. La tradición en Zahariche siempre estuvo por encima de cualquier moda. Pues el hasta hoy conocedor de los Miura, Manuel García Ruiz, dijo adiós hace unos días. Más que un adiós, un hasta luego. Se jubila, sí, pero asegura que su nueva situación no le va a alejar del campo ni un segundo. “Apenas llevo unos días sin trabajar y no he dejado de ir al campo ninguno”, reconoce. “Si no voy, no vivo. No puedo aguantar sin ir. Son muchos años, el toro ha sido mi vida”.

Manuel García entró en la casa Miura en 1963. Primero lo hizo acarreando agua con un mulo -cabe decir que en aquellos años Zahariche era muy pobre en agua y la tecnología quedaba lejos para adaptar y facilitar la tarea como ocurre hoy en día-, luego, afirma, que ya le montaron a caballo y, más tarde, en 1965, fue cuando empezó a trabajar con el ganado bravo. “Lo de conocedor vino más tarde, en 1997, pero mucho antes comencé a trabajar con los añojos y los novillos. Aquí, si se quiere ser mayoral, primero hay que ser vaquero”, sentencia, dejando clara la jerarquía, que en los hombres de campo resulta también fundamental. No en vano, en Miura tienen clara la diferenciación. “Los vaqueros aquí están aparte, ellos son independientes, son quienes están al mando de las vacas y si surgen problemas, avisan al mayoral. Luego, los demás caballistas están para el cuidado del resto del ganado”.

Manuel es el penúltimo eslabón -actualmente su hijo es caballista y amparador en las labores de acoso y derribo- de una saga de hombres de campo. “Mi padre era el encargado de la yeguada y mi abuelo fue conocedor, pero no de Miura. Él estuvo mucho tiempo al cargo de la ganadería de Félix Urcola, que pastaba en Zahariche. Así pues, mi familia, mi abuelo concretamente, estuvo antes en Zahariche que los mismos Miura”. La historia que cuenta Manuel tiene su aquel, ya que tras el fallecimiento de Félix Urcola, la viuda de este le dijo a su abuelo que se quedara con la finca, petición que rechazó. Pero quedaba una promesa: “Mi abuelo lo único que le pidió a la viuda de Félix Urcola fue que cuando ella muriera, a él le dejaran en Zahariche hasta sus últimos días. Y así fue. Cuando vinieron los Miura a Zahariche, mi abuelo, mis padres y mis tíos, ya estaban aquí”. La viuda de Urcola vendió la finca a Egualdo Martínez Bruguier, suegro de Eduardo Miura Fernández, que al casarse con Mercedes, la hija de Egualdo, trasladó el ganado a Zahariche.

Tras cerca de sesenta años en Zahariche, a Manuel se le agolpan los recuerdos. “Me acuerdo de Antonio Mateos, el primer conocedor con el que viví. Con él empecé a trabajar aquí, me crié desde pequeño. Él no vivía en el cortijo, sino en una casa que había en el campo, y muchos días, teniendo yo tres o cuatro años, me llevaba arriba del caballo. Luego estuvo Pepe Domínguez, con el que también aprendí mucho. Me enseñaron a saber estar en el campo, a bregar con el ganado, a conocer a los toros…”.

UNA VIRTUD: LA PACIENCIA

-¿Qué cualidad ha de tener un conocedor?

-Primero de todo, paciencia. No hay que tener prisa nunca, el ganado bravo pide mucha paciencia. Y, luego, hay que tener mucha afición al toro y al caballo.

-¿El toro de Miura es tan complicado en el campo como en la plaza?

-Igual. Cambia muy a menudo. Son toros muy complicados, tienes que andarles muy despacio y procurar que nunca se cabreen, porque si lo hacen, a partir de ahí, los que mandan son ellos. Tienen unas reacciones muy extrañas, muy cambiantes. En el campo suelen arrancarse sin motivos muchas veces. De hecho, parecen tranquilos y de repente cambian la cara. Ahí hay que quitarse de en medio como se pueda.

La carrera de conocedor, tal y como asegura Manuel Ruiz, es la más larga de cuantas existen porque nunca se acaba. “Por mucho que tú estudies, los toros aprenden más”, confiesa. Tras toda una vida dedicada a Miura y al toro, la carrera de Manuel se puede dar por finalizada y con la mejor de las notas. “Me llevo solo los buenos recuerdos, he estado en un lugar que no ha sido mi trabajo, ha sido mi casa. Toto -como se le conoce cariñosamente a Antonio- y yo nos hemos criado juntos, apenas me lleva seis meses y es como un hermano. A Eduardo, como era más mayor, había que respetarlo más… jajaja”.

-¿Para siempre conocedor?

-A mí me gusta más, lo de mayoral es más moderno.

Antonio Domínguez López, el relevo

Tras Manuel García Ruiz, llega el turno de Antonio Domínguez López, el relevo como conocedor en la casa Miura. Detrás de Antonio, también hay historia, ya que su bisabuelo, su abuelo y su padre estuvieron como vaqueros con el bisabuelo, el abuelo y el padre de los actuales ganaderos.

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Una vida dedicada a Miura y al toro

José Ignacio Galcerá

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