En este batiburrillo en el que algunos inconscientes están intentando convertir la fiesta de los toros, va siendo hora de que se le dé valor a lo fundamental y se pase olímpicamente de lo accesorio. Y lo esencial es el toro. Me ha gustado que Finito de Córdoba, haya iniciado esta nueva época de su carrera como matador de toros con una ganadería como la de Fuente Ymbro. Todas las figuras deberían poner las ganaderías encastadas en el primer lugar de sus exigencias. Es con el toro con bravura, casta y acometividad con el que se puede calibrar la categoría de los toreros. Con menos saña en el tercio de puyas y mayor acierto con los aceros, cinco de los seis de Ricardo Gallardo de la primera de La Magdalena de Castellón, habrían ido al desolladero sin orejas. Ahora no se hablaría solamente de las dos series de derechazos de “quejío” y los soberanos naturales del de Arrecife a su primero, del valor y entrega de Fandiño y la renovada ambición de triunfo de Tejela. Se comentaría una corrida triunfal. Porque hubo toros y toreros. Y eso, aunque algún juntaletras haya escrito que “los toros de Gallardo sólo son los Domecq que trasmiten más emoción”. Lo que, aunque fruto de la mala “milk”, es una medalla para el ganadero gaditano.
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