No es solo El Puerto, mucho peor es ese rosario de plazas cotizando a la baja que inunda a diario los portales. Todas las semanas recortan una feria, todas las semanas renuncia un empresario o dos...
El inmovilismo de Sevilla no ha pacificado el panorama, ni mucho menos. Ahí está el pliego de El Puerto, con un concejal aguerrido y bocazas queriendo disimular lo indisimulable con un ataque desaforado y personal cuando su trabajo, dicho en la acepción más noble del término, no ha cosechado más que rechazo por parte de la clase empresarial, que le pregunten si no a Maximino, a Cutiño, a Zúñiga, a Carmelo, a Matilla, Garzón… y a cuantos se han sentado a analizarlo. El hombre ha querido disimular lo que es un clamor general con un cuerpo a cuerpo con Simón Casas. No ha elegido buen contrincante. La capacidad dialéctica de Simón está fuera de toda duda, los argumentos para hacer frente al concejal son abundantes pero lo malo no sería la derrota del edil a manos del promotor, lo realmente penoso sería perder otra legislatura en un pliego mercantilista y desubicado. No sé si el anterior pliego de El Puerto lo realizó el mismo concejal o si fue un compañero suyo, pero lo evidente es que no fue el adecuado, que no funcionó, que uno de los emblemas de la tauromaquia anda/permanece ya hace tiempo por territorios peligrosos sin que acuda nadie al rescate.
Y no es sólo El Puerto, mucho peor es ese rosario de plazas cotizando a la baja que inunda a diario los portales. Todas las semanas recortan una feria, todas las semanas renuncia un empresario o dos, todas las semanas nos quedamos con dos palmos de narices a la espera de una palabra de aliento, de un paso adelante de los implicados, de una convocatoria o de una llamada a la unión. El mejor termómetro de la realidad es esa procesión de matadores y ganaderos hacia ninguna parte que se detecta en los mismos medios de comunicación, retiradas forzosas de toreros de clase -la mejor de la suertes para José Luis Moreno- ganaderías reducidas a la mínima expresión y mataderos atiborrados de vacas y vacas bravas porque es mejor quitarlas que mal alimentarlas. Eso es lo que duele.
El artículo completo, en su revista Aplausos de esta semana
