Es todo un clásico. Y ya saben lo que vale el clasismo en los toros. En Valencia, en vísperas de nuestras ferias, dos veces por año y hasta tres, Las Provincias hace sonar los clarines de la ilusión y abre plaza. Lo de la ilusión es importante, a la plaza se va con ilusión o mejor no ir. No se trata de renunciar a la crítica ni a la exigencia, faltaría más, solo de darle oportunidad al toreo que todos sabemos que, entre sus cualidades más importantes por singulares, está el de la imprevisibilidad, nunca nada, ni la gloria ni el fracaso, está garantizado. Así que ilusión y espera, ese es el compás a seguir. En ese estado de ánimo estamos, a punto de irnos a los toros, a donde llegado Julio, en Valencia, hay que ir.
El Aula de Las Provincias (Jueves, 9 de julio, 20 horas, Centro del Carmen, entrada libre) ha virado este año la atención hacia tres temas de los que tocan el alma de aficionados: la feria, es decir la fira, lo valenciano, y la juventud, una trinidad que marcará el futuro de la tauromaquia en Valencia. La feria es evidente que está siendo víctima de la nueva climatología, o si lo prefieren del bien estar de los aficionados cada vez más acomodados y/o menos resistentes a las incomodidades y/o más adictos al aire acondicionado y a la brisa de la playa de donde cuesta un mundo sacarlos; sin olvidar el cambio de hábitos que genera una ciudad vaciada… así que, como se dice ahora, la fira merece una pensaeta en clave generosa, la historia lo merece.
Las cifras de Román, la solidez de Navalón y la esperanza de Nek
Los otros dos temas, valencianos y juventud, en esta ocasión, afortunadamente, van de la mano. Los valencianos han sido durante años un concepto que generaba apasionados desencuentros, se asociaba a clientelismo y se orillaba de la escala de la meritocracia, incluso llevado al extremo podría llegar a ser tóxico cuando en justicia no debe ser así. Hay que reivindicar a los valencianos porque se lo han ganado, porque interesan artísticamente, porque tienen condiciones y porque de una forma egoísta una plaza/una afición necesita de toreros propios. En esta ocasión los valencianos, Román, Navalón y Nek, tienen méritos e interés para estar en los carteles y hay que valorar que estén.
Los tres acuden en situaciones y con estatus diferentes, en realidad los tres son artísticamente distintos. Román es el veterano de la terna, todo llega, y vive su mejor momento. Triunfador de la Feria de San Isidro, reconocimiento que en el toreo moderno solo han alcanzado dos valencianos, él y el maestro de Chiva, mientras que para el resto Madrid ha sido no pocas veces un calvario. Ha cortado diecisiete orejas, más una de novillero, y ha salido dos veces a hombros por la puerta grande. Nacido en la capital, artísticamente es de difícil clasificación. Es valiente, de eso no cabe duda, y ante las encrucijadas es de los que lanzan la moneda al aire e insiste; es entrante o, dicho de otra forma, de los que caen bien que es virtud que se tiene o no se tiene y en un personaje sometido a juicio público es fundamental; todo lo cual le da licencia para sorprender, "son las cosas de Román", argumentamos cuando no se le acaba de entender y todos nos damos por enterados.
El toreo y su entorno, dilucidado por los propios protagonistas
De perfil muy distinto es Samuel Navalón, de la Valencia castellana, dicho para comprender su estilo: serio, de plantas asentadas, de poco ornato y amplia solidez, otro que avanza colgado del gancho del valor. Conoce la parte dura del toreo, todavía no hace un año bordeó la fatalidad en Algemesí. Una tarde que debía ser de fiesta y solidaridad, un novillo le pespunteó la yugular y le dejó secuelas de espejo de las que está siendo capaz de no tener en cuenta. Vive el momento clave de dar el gran salto y consolidarse. Triunfador oficial de la Feria de Fallas, con gran cartel y varios triunfos en Albacete donde le tienen como propio (se trata del fenómeno inverso al vivido por Dámaso), ha cortado orejas en Alicante, tiene cartel en Madrid y cuajó una buena tarde en Sevilla además de varios triunfos en plazas de menos relieve, pero no por eso menos importantes.
Por último y con menos currículo, comparece Nek Romero. Llega de Algemesí, de la fértil Ribera, torero de perfil artístico, todos sabemos lo que condiciona la tierra y lo hace en un momento crucial de su carrera. Novillero puntero, despertó las máximas expectativas, alternó con las grandes figuras del escalafón superior en festejos mixtos, con Morante y Talavante nada menos, y acusó, no es el primero, el salto al escalafón superior, el toro, los compañeros, la presión… nunca se está suficientemente preparado para esa lidia y ante esa realidad no se le podía soltar la mano. Esta feria, sin ánimo de cargarle de responsabilidad, es clave para su futuro. Es torero, se le vio de novillero, de corte clásico y tiene un toque de personalidad diferencial. Ni Zamora se conquistó en un día ni un torero se hace en un año, así que hay que esperarle.
Esos son los temas del Aula de Las Provincias, toreo de salón de la mejor factura y el mayor interés dicho en términos clásicos, el toreo y su entorno dilucidado.
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Valencia, tiempo de toros
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