Pasa el tiempo y los problemas crecen. Y las soluciones no llegan. Aquí o montamos un pollo para iluminados o nos entra la dejadez y dejamos que el tiempo, él solito, se encargue de erosionar lo que queda, hasta que lleguemos a la soledad y a convertirnos en una reliquia del pasado efímero.
Hay gente de buena voluntad haciendo cosas, pero nadie distribuye los sectores. Y a eso hay que ir. Solucionar las partes para que no se hunda el todo. Tema principal: el toro. Si no hay toro se acabó la historia. Y nadie escucha a gente tan solvente como el ganadero Victorino Martín o el empresario José Antonio Martínez Uranga. Ambos, y más gente, aseguran que a la vuelta de cinco años no habrá toros para Madrid, Pamplona, Bilbao, Sevilla, Valencia, Francia, etc. Que no habrá toros con el trapío que exigen esas aficiones. Y eso supone que esas plazas van a sufrir la desbandada de los aficionados. Porque si en Madrid, por ejemplo, o en Bilbao, o en Sevilla sale el toro de Brihuega pues ya se pueden imaginar lo que tardará la gente en irse al fútbol. Entonces, ¿qué hacemos?.
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