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"Victorino es el mejor, el que más se ha apoyado en el toro"

En Valdetiétar huele a bravura, a dureza, se siente el respeto y hasta el miedo, se palpa la dificultad: “La nobleza no es bravura, lo bravo no es noble”.

Dos, tres, cuatro corridas de plazas de primera, más de treinta y cinco toros, muchos de ellos se podrían lidiar mañana mismo. Todos en un mismo cercado. Ausencia total de colorados, incluidas cualquiera de sus variantes cromáticas y dudo que haya alguno absolutamente negro. Estamos en el mundo de los cárdenos, huele a bravura, a dureza, se siente el respeto y hasta el miedo, se palpa la dificultad,“la nobleza no es bravura, lo bravo no es noble”, nos dirá poco después su criador y contemplando aquella maravilla a uno, si las tuviese, se le irían las ganas de ser torero. Grandes arboladuras como si apuntasen a las crestas de la Sierra de Gre­dos, especie de andanada natural que preside el gran escenario, también los hay de armamento más equilibrado, ar­mónico se dice ahora, todo depende de si andan más o menos emparentados con los albaserrada o los santacoloma, las dos líneas dinásticas de la casa, que aun siendo parientes no son la misma cosa. La torada se mueve despaciosa, dis­plicente con los que acabamos de llegar, están bien trabajados y no extrañan nuestra presencia. “Si les das cariño, si los tratas bien, te corresponden, son cariñosos, si no se encabronan y se forma un disparate de los que no te puedes imaginar”, fue otra advertencia del ganadero mientras trajinábamos entre ellos con el coche para que Julián López, debutante en esta sección, los retratase.

Conduce el ganadero José Escolar Gil, hijo y nieto de ganaderos, hombre de sólida posición económica, condición a resaltar ahora que tanto se llevan los castillos en el aire, galguero empedernido y amante del toro a capa y espada. “Yo defiendo el toro por encima de todo. Ya quisieran esos que se llaman animalistas”, enfatiza cuando le pregunto por su credo. “Lo primero el toro”, insiste y queda claro por si alguien lo dudaba hasta hoy. Menudo, fuerte, ojos claros y vivos, pelo blanco y cierto aire de patricio. Te habla y te analiza a la vez. Mientras nos enseña la camada y Julián dispara la nikon a diestro y siniestro con ritmo de metralleta, el ganadero intenta cruzarse con los toros que más le placen, los de más presumir, a la vez que mira por el retrovisor atento a cómo tomo notas en la moleskine. Ya hace tiempo que me he dado cuenta de que observa hasta que no se aguanta y acaba por decirme: “Tú lo apuntas todo”... “Para que no se me olvide, José, para que no se me olvide”, le contesto y asiente: “Claro, claro”. Para entonces tengo la sensación de que ya ha rebajado el grado de alerta periodística con la que nos recibió y me relata detalles y costumbres de su día a día ganadero. Me cuenta que vive en Madrid, que viene al campo los fines de semana y también los miércoles, que siente devoción por su nieto José Luis, el hijo de Fundi, que como su padre anda loco con el campo y la garrocha y al que llama Pepote para arrimarlo, amor de abuelo, más a los Escolar que a los Prados. “Es que si no le acabarán llamando Fundi, por eso le llamo Pepote”… Nada, advierto, que vaya en menoscabo del aprecio que siente por el diestro de Fuenlabrada, que, además de yerno con el que comparte pasión campera, tantas tardes de gloria dio a sus toros.

-José, tú que te consideras un ganadero de los de antes, ¿esos conceptos nuevos como los de toreabilidad cómo los manejas?

-¡Je, je, je! Yo eso no sé lo que es. Además no me suena bien. Un toro bravo debe ser bravo, no le pongamos más apellidos.

-Ya.

-Un toro tiene que dejar claro con su comportamiento que el que está delante se está jugando la vida, que es un sobrehombre, no un cualquiera. Si un toro es muy toreable como dices puede dar la sensación de que aquello lo puede hacer cualquiera y no debe ser así. Eso es malo. Esa idea o esa palabra, toreable, no me va.

Me confiesa que disfruta en el campo y sufre en la plaza y que aún así va a todas partes donde lidia, incluidos los pueblos donde se sueltan toros de su hierro por las calles. “Es que me gusta verlo, prefiero sufrir a que me lo cuenten. No me fío de lo que me digan, así que voy a todas partes”.

-Si me permites la ironía, sufrir, lo que se dice sufrir, sufren mucho más los toreros con tus escolares.

-Pero a mí eso tampoco me gusta. No me gusta ver sufrir a un torero, como no me gustan los accidentes sea quien sea el que los padece. No te olvides que el padre de mis nietos es de los que se ponía delante de esos toros. Por mí, accidentes los menos posibles.

-Ni accidentes ni facilidades sería el eslogan. ¿Qué te parece?

-Bien. Que haya exigencia por parte de los toros, que transmitan emoción sí, eso sí me gusta, lo otro no. Aunque mis toros con toda la fama de duros que tienen te puedo decir que no han pegado cornadas, no han cogido a los toreros. Alguna vez pero nada grave.

-Esos tragos deben ser un dolor.

-En Dax un toro mío metió en la enfermería a Padilla y no se me ha olvidado jamás. Triunfaron Fundi y Fernández Meca, a mí me sacaron en hombros con ellos, pero el recuerdo de la cornada de Padilla está por encima de todo, no se me ha olvidado. En Mont de Marsan me pasó un poco lo mismo con Castaño, pero esa vez reaccioné y no quise salir en hombros. Yo busco el toro exigente pero me molesta mucho que cojan.

Hemos comenzado la entrevista apenas hemos llegado frente a la cerca de piedra que encierra los toros de saca. No hace falta que preguntemos por los de Pamplona, donde este año repiten con tratamiento de triunfadores gracias al gran juego que dio Cos­ture­ro, que se ganó el premio Carriquiri el mismo día en que la divisa debutaba en la capital pamplonica. Se sienten y se aprecian a la legua: fuertes, bien co­midos, bien armados, finos de cabos, naturalmente cárdenos en sus distintas intensidades, un corridón a falta de siete meses para que recorran la Estafeta camino de la plaza. Están reseñados des­de septiembre. No hay que darles muchas vueltas para comprobar que la corrida sale sobrada y no sólo eso, sale más de una en ese nivel de exigencia.

Por el contrario no cabe preguntar por los toros de Madrid, que es su plaza, por la sencilla razón de que a día de hoy, como anunció Aplausos.es, si no hay quien reflexione o concilie posturas, no habrá toros de Escolar en Las Ventas, en lo que se puede considerar como un inesperado y extraño divorcio después de más de veinte años lidiando en la capital. Incluso el año pasado que no se anunció en una corrida completa, sí lidió un excelente toro el día que Fandiño decidió encerrarse en Las Ventas como único espada. Escolar no cierra las puertas a nada, incluso a que se reconduzca la situación. Lo último que tiene es la comunicación de la empresa a través de Carlos Zúñiga que, días después de ver la corrida, “me dijo que le gustó, que valía y había apuntado ocho toros”, le anunció que no había sitio para ella en San Isidro.

-Pero hay más fechas e incluso más ferias en Madrid, le apunto al ganadero que sin apearse de su decepción no cierra puertas.

-Bueno, ahí están los toros. Madrid lo ha sido todo para esta casa…

Por unos momentos ha aflojado su gesto impertérrito e indescifrable en quien domina el arte del trato, y tengo que entender su predisposición a volver a la plaza donde a lo largo de tantas y tantas tardes se forjó la leyenda de sus toros y donde se siente como en ninguna otra parte el amor de la afición por los albaserradas. Le pincho, le digo que debe estar jodido con esa situación, que no me parece justo y se viene arriba.

-Claro que estoy jodido pero la plaza está ahí, los toros están aquí…

-Y cualquier día normalizáis la situación.

-Bueno, si no van a Madrid irán a otra plaza.

UN PARAÍSO EN GREDOS

La otoñada es excelente en Valde­tié­tar, la finca madre de los escolares. Tres­cientas cincuenta hectáreas pegadas a Lan­zahíta. Es monte pero se po­dría de­cir que es casi vega. Perfil llano, tierra bue­na, agua suficiente y mucha sanidad, cuestión en la que influye definitivamente el clima. Hoy mismamente, en contraste con la boina tristona y contaminada que hemos dejado atrás en Ma­drid, el día ha amanecido espléndido, cla­ro y soleado y el ganadero, que nos es­taba esperando a pie de cancela, nos sitúa sobre las bondades climáticas de la zona: “Aquí en invierno siempre hace dos o tres grados más que en Madrid de la misma manera que en verano estamos más frescos que en la capital”. Eso por no hablarles de la pureza del aire que lo convierte poco menos que en un sanatorio.

El encinar es todo un espectáculo y la bellota uno de los tesoros de Valde­tié­tar, que permite que los ganados salgan del invierno gordos y lustrosos sin que el amo tenga que echar mano a la cartera. “Es una zona muy buena para invernar. Con la bellota y el verde, las va­cas pasan bien el invierno”, apunta ufa­no el ganadero que señala el grosor de los troncos de las encinas como prueba de la calidad de la tierra y del propio arbolado.

Al fondo se distingue con nitidez la presencia solemne y majestuosa del Puerto del Pico, una de las grandes referencias de Gredos, desde donde todo se ve. Escenario de grandes gestas ciclistas me cuenta Escolar y paso natural entre la altiplanicie abulense y el Valle del Tiétar. Por allí pasa la Cañada Real leonesa y por sus caminos y vericuetos se comunican las dos Castillas, las tierras de Ávila con las de Toledo. El ganadero nos señala otro punto de referencia, es Pedro Ber­nar­do, que parece colgado del risco de la Sierpe, mirador impresionante desde donde me cuentan se divisa todo el valle, un paraíso de encinas, alcornoques, robles… águilas, buitres y toros bravos.

Valdetiétar la compró José Escolar en 1972, con la intención de hacer realidad sus sueños de ganadero. Hasta entonces era dehesa dedicada al manso y hubo que adecuarla antes de que llegasen las primeras vacas bravas.

-Yo sabía que pronto o temprano iba a tener bravo porque era una de mis ilusiones aunque no tenía prisa así que la fui acondicionando tranquilamente.

Su abuelo, al que allá en Perales del Río, su terruño natal, le llamaban Pi­cho­rron­go, uno de esos motes que ponen en el pueblo y que luego van pasando de padres a hijos, ya estuvo relacionado con el bravo. “Él no tenía animales de vida. Compraba camadas completas en Salamanca y Andalucía y los re­ven­día para las capeas. Era famoso por toda Castilla. Y no sé, no sé qué significaba ese mote pero le llamaban así”. Luego el padre de José, que heredó la afición por el bravo, dio un paso adelante y no sólo compró ganado con hie­rro, concretamente del encaste Con­tre­ras, con lo que lidió mucho en festejos menores, sino que además fue uno de los fundadores de la Asociación de Ganaderías de Lidia, los que se conocían como los de segunda, que tanto mercado llegaron a dominar, hasta que los de primera se dieron cuenta dónde estaba el negocio y abolieron las clasificaciones, o lo que es lo mismo, cambiaron elitismo por negocio para que cada cual pudiese lidiar en donde le contratasen.

-Aquella ganadería la teníamos en Perales del Río, muy cerca de Madrid, donde seguimos teniendo ganado pero ahora manso.

En Valdetiétar están los machos y parte del hato de vacas que componen la vacada, el resto, hasta doscientas madres, pasta en La Matilla, otra finca de la familia que reúne doscientas cincuenta hectáreas en tierras toledanas de Marrupe.

EL PORQUÉ DE LAS FUNDAS

La camada de cuatreños está enfundada. Nada que disimule la mucha leña que atesora. Si todo seguido te pasas por el cercado de los utreros todavía desnudos de cualquier protección córnea y te fijas en las puntas que exhiben, te puedes hacer una idea de lo que puede aparecer en cuanto les quiten las fundas a sus hermanos mayores. El ganadero no tiene ningún pudor en defender el uso de las polémicas protecciones. “Aquí se las ponemos el último año”, asegura disconforme y extrañado con las polémicas en torno a ese recurso.

-Los únicos que podrían quejarse de las fundas son los toreros que no los han visto más astifinos nunca.

-Y los fotógrafos, añado, porque hay que ver lo que deslucen los retratos.

-Bueno pues, los toreros y los fotógrafos.

Basa la defensa en lo mucho que se pelean sus toros y la tendencia a rascarse en las encinas donde acaban por ponerse mogones y por tanto inservibles para la lidia en plazas de importancia. Como demostración nos lleva hasta un montón de encinas totalmente descortezadas por el frotamiento de las astas, algunas de ellas incluso muertas en pie al haberles cortado por frotamiento la circulación de la savia.

-Si son capaces de secar una encina cómo no van a gastar un pitón. Y además hay que tener en cuenta las bajas, sin fundas habría muchas bajas.

En el recorrido por la finca nos hemos encontrado en el cercado de los erales a Banderito, indultado el año pasado en Fresnedilla. Lo lidió Octavio Chacón, que el año pasado en esa misma plaza indultó otro escolar, ese de nombre Caluroso. Fundi, cuando le preguntaron por semejante coincidencia, cuenta Escolar, bromeaba, asegurando que en realidad se trataba del mismo toro que lo habían vuelto a enviar. En los dos casos les han echado un número reducido de vacas. “No muchas y sólo porque se lo ganaron en la plaza, porque comprenderás que si se lidiaron en Fresnedilla fue porque no tenían el trapío necesario para una plaza de primera que es donde todo ganadero apunta con su selección”.

Que Banderito esté en el cercado de los erales es una decisión calculada para todos los toros indultados y para los heridos. Allí encuentran la tranquilidad necesaria para reponerse.

-Si los echases de primeras con los cuatreños no prosperarían. En cuanto los toros oliesen sangre se armaría una guerra imparable.

-Y no habría indulto que valiese.

-Eso mismo.

Fundi, que anda revisando la camada a caballo, se ha incorporado a la reunión. Se le ve en plena forma, seco y fuerte cual si estuviese haciendo temporada. Niega cualquier posibilidad de vuelta a los ruedos, tengo la sensación que más por cómo está el panorama que por una falta de ilusión real por torear. “Algún festival y nada más”, se cierra en banda cuando le preguntamos por sus planes toreros. Con su suegro seguimos hablando de sus conceptos de bravura y de su modelo de toro. La cualidad que más aprecia y que por tanto más busca en sus toros, dice, es la humillación.

-Es con lo que más disfruto. Yo lo prefiero incluso a que sea bravo en el caballo. Cuando humilla el toro mío es que hace un surco. Es lo más grande, un espectáculo. No me olvido de un toro que echamos en la despedida de Fundi en su pueblo. ¿Te lo cuento?...

-Claro.

-Me dijo que se iba a despedir en Fuenlabrada y que quería matar seis toros, dos de ellos de casa. Yo le dije que lo pensase bien por lo que suponía y por cómo es esto, pero insistió. Lo tenía claro. Dos nuestros, dos de mi hermana, que como sabes es lo de Garcigrande, y dos de Carreño, que había toreado anteriormente en va­rias ocasiones y le había salido muy bien. Pues con los que triunfó fue con los míos.

-Aún se te nota el disfrute.

-Le eché uno, un número 60, que debía haber ido a Dax pero en el embarque cojeaba un poco y no lo envié. Se recuperó y un mes después lo mandé para esa corrida y embistió andando. Como Fundi conoce bien el encaste y no le da miedo, lo cuajó. No galopaba como dicen los ganaderos de las comerciales, no, este andaba. Es que los míos no galopan, los míos corren como los cerdos, que siempre van al trote. Ese andaba, quiero decir que aún embestía más despacio, haciendo un surco con el morro, iba hasta allí y volvía otra vez. Ese día disfruté como nunca.

-Lo imagino.

-Fíjate que Fundi llevaba los otros para triunfar y los míos como gesto y acabó triunfando con los míos, imagina. Los otros no estuvieron a la altura esperada. Al final me sacaron a saludar con el matador, salió también mi nieto, fue todo muy bonito.

-Fue una pequeña venganza o revancha contra los del otro bando ganadero, supongo.

-¡Hombre!... tanto como venganza no... pero sí, sí, revancha sí, totalmente. No fue la única vez que sucedió algo así. En la feria de San Sebastián, en competencia con las ganaderías de más cartel, iba la de mi hermana, la de Joselito, iban todas, el premio fue para la mía.

-A propósito, si te dijesen que tenías que ser ganadero con lo de Domecq…

-Pues no lo sería. Yo hubiese podido comprar Domecq pero compré Albaserrada. Lo otro era más barato porque había más cantidad, era más fácil de gestionar porque los toreros no se hubiesen opuesto, era todo más sencillo pero no me gustaba.

-¿Quién es el mejor ganadero para ti?

-De los últimos años, de los actuales, Victorino. Sin duda. Para mí Victorino. El que ha puesto las cosas más serias, más difíciles, el que más se ha apoyado en el toro ha sido él. Además tuvo el mérito de lograrlo con una ganadería que estaba deshecha, que si no hubiese sido por él hubiese desaparecido.

-¿Mantienes buena relación?

-Sí, sí. Una amistad de años. Tardó en reconocernos pero eso pasó.

-Lo que no parece haber pasado es el momento de los cárdenos.

-Eso va para largo.

Del concepto de bravura, de las costumbres y forma de hacer los tentaderos, de las familias más ilustres de la casa, de sus comienzos y de sus objetivos hablaremos en el siguiente capítulo.

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"Victorino es el mejor, el que más se ha apoyado en el toro"

José Luis Benlloch

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