Confiesa que ha estado a punto de tirar la toalla tras sentirse olvidado e incomprendido por el toreo. Abatido, sin confianza, sin nadie que le tendiera una mano, su sino cambió en tierras de Sevilla. Allí, Serafín Marín volvió a creer en sí mismo. Le abrieron los ojos, le inyectaron moral y lo que parecía un futuro incierto, se convirtió en un estado de gracia. Asegura que está en la plenitud de su carrera, aunando el valor de siempre con la sabiduría del tiempo. Esa fue la sensación que se vio en Las Ventas, cuando a uno de Miura lo toreó de categoría. Ahora, sólo falta que sean las empresas las que vuelvan a creer en el catalán, al que han olvidado injustamente de la noche a la mañana.
- “Fui a Madrid a solucionar mi carrera y logré una fuerza mental y física que nunca antes había tenido; me sentía preparado para resolver y esa fue la imagen que di”
- “El mérito fue hacer el toreo bueno a uno de Miura; fue el día que mejor he toreado en Las Ventas y sin embargo me sentí incomprendido”
- “Nadie en el toreo quería apoderarme. Fue duro. Pensé que había llegado mi momento de decir adiós. Pero fui a Sevilla y allí volví a creer en mí”
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