Por una cuestión de definición, no se puede reiterar lo extraordinario. Algo no común que se repite en el tiempo, pierde su condición de excelencia. Todo lo extraordinario repetido en el tiempo, se convierte en pura rutina. Acaso eso es lo que haya sucedido con el toreo, con los toreros y con los toros. Acaso esta cuestión sea la que haya metido el toreo en una cuestión difícil de narrar, difícil de explicar y difícil de lograr que la sociedad vea al toreo como lo que es: algo excepcional. Si el toreo es la excepción de la valentía frente al límite humano del riesgo, si el toro bravo es la excepción al chuletón y a la leche, no se entiende muy bien por qué no se percibe como tal.
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