Ya ha pasado un cuarto de siglo desde que la plaza de toros de Colmenar Viejo pasara a formar parte de la historia trágica del toreo. Como Talavera, Manzanares, Linares, Pozoblanco...En ella, un 30 de agosto de 1985, dejó de latir el corazón de José Cubero “Yiyo” porque un toro, “Burlero”, se lo había partido en dos. Aquel Príncipe del Toreo murió en la batalla por un reinado que empezaba a tener en sus manos. 25 años después, el recuerdo de Yiyo sigue muy vivo y no sólo el de aquella fatídica tarde, sino el de tantas y tantas en las que dejó marcado el sello de un torero clásico, puro y alegre, tal y como fue él como persona.
Su destino no podía más que ser torero. Mamó el ambiente taurino en casa, ya que sus hermanos Juan y Miguel quisieron ser toreros. Los tres adquirieron los primeros conocimientos de su padre Juan Cubero, un banderillero retirado. Fue Yiyo un torero prematuro, un niño prodigio. Su primer becerro lo mató a los once años. A los dieciséis debuta con los del castoreño y a los diecisiete se doctora.
Juan Cubero: “Lo veíamos tan sobrado delante del toro que nunca pensábamos que podía suceder. Es algo que nunca esperas”
Julián Maestro: “Lo que más me conmovió fue su evolución constante, su ambición, su cabeza y la solvencia para con los toros”
Joselito: “Le tenía una admiración tremenda. Me fijaba mucho en sus formas y aunque no le quise imitar, sí me agradaba su concepto”
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