Pablo Aguado vive un invierno tranquilo después de una temporada muy positiva. Le avalan los números y lo reconoce la afición. Ha llegado el momento de la relajación con sus aficiones preferidas, entre ellas la caza, que ocupa una buena parte de su tiempo. El torero sevillano es como su toreo, natural y reflexivo, nada inquieta su espíritu, se diría que es transparente. Así valora este año de 2025 que ha finalizado con 31 corridas de toros. “Ha sido la temporada más regular de mi carrera en cuanto a triunfos como matador de toros. He toreado bien muchos toros, he logrado estar a gusto en casi todas las plazas en las que he toreado y he podido entrar en sitios donde antes me había costado mucho trabajo”. asegura.
-¿Cuáles son las tardes que recuerda como las más importantes de esta temporada?
-Hay, gracias a Dios, muchas que se me han quedado grabadas. Por ejemplo, la de Pozoblanco; la tarde de Castellón, donde me sentí a gusto como torero; las dos de Sevilla, tanto la de Domingo Hernández como la de Juan Pedro, esta última en especial, porque ha sido una de las faenas en las que he sido más mi propia forma de entender el toreo; Madrid, por supuesto, en el mano a mano con Juan Ortega; Granada, Pamplona, donde no maté bien al toro pero fui capaz de concentrarme y encontrar la paz de mi toreo en medio del alboroto; las dos tardes de El Puerto, que es de las plazas donde mejor me siento, es una de mis preferidas; Bilbao, Cuenca, Almería, Aranjuez, Nimes… tal vez haya más, porque como he dicho ha sido un año de mucha regularidad.
-¿Le gustaría torear más en cada temporada?
-No me obsesionan los números. Prefiero acudir a una plaza con la tranquilidad de que me ilusiona una ganadería, los compañeros, el buen ambiente que exista, pero no me marco números.
-Habla de regularidad. ¿Antes no había sido un torero con tanta regularidad?
-Antes no había logrado algunas metas que sí he conseguido este año. En lo numérico estoy satisfecho, sobre todo por el número de triunfos. En lo personal, esos triunfos han llegado en sitios de mayor importancia.
-Para que llegaran esos triunfos, ¿ha sido importante la calidad del ganado al que se ha enfrentado?
-La suerte existe, de eso no me cabe ninguna duda. Este año me han embestido bien algunos toros en plazas fundamentales como Sevilla, Madrid, Pamplona, Nimes... Lo que ocurre es que cuando un torero está encelado, tiene mayor seguridad que otras veces, es indudable que embisten más toros y sirve un tipo de animal que antes no te valía. Eso lo he logrado este año, me han servido muchos toros, pero parte de ello ha sido porque he llegado a un punto de mi carrera en el que estoy en mi mejor momento torero.
“Cuando un torero está encelado, tiene mayor seguridad y le embisten más toros. Este año me han servido muchos toros”
-De Pablo Aguado se alaba la naturalidad. ¿Es suficiente hoy para estar en primer plano?
-Soy partidario de tener la mente abierta a la variedad. El problema no es salir del concepto de uno, sino cómo se haga y el momento que se elija para hacerlo. Ha habido toreros muy clásicos que en un momento dado se han puesto de rodillas, y ese detalle no les ha quitado categoría. Todo está bien o mal en función de cómo se haga. Recuerdo haber visto una foto de Pepe Luis de rodillas. Todo cabe en el toreo si se hace despacio y con clase.
-¿A Pablo Aguado le hace falta una nueva Puerta del Príncipe en Sevilla?
-Anímicamente no lo necesito. No es algo que sea urgente o que me quite el sueño. Es verdad que una salida por la Puerta del Príncipe es algo único, que muchas veces lo pienso, pero no es algo que me inquiete de forma permanente. Además, ese premio es algo muy grande y muy difícil de conseguir.
-¿Hay rivalidad con Juan Ortega? Sois dos toreros de corte similar.
-No se puede llamar rivalidad. Somos dos toreros que seguimos el mismo estilo clásico, pero que somos dos expresiones del toreo distintas, lo que es bueno para los dos. No creo que nos hagamos sombra, más bien al contrario.
-¿Hay vida en la fiesta después de Morante?
-Claro que hay vida, aunque su ausencia será muy dolorosa. Pero el toreo vive un momento de esplendor, solo hay que comprobar cómo va la gente a las plazas, esa ola de nueva juventud que está cada vez más interesada en este espectáculo..., todo esto debe perdurar.
-Con esta ausencia de Morante de la Puebla, muchos se han fijado en toreros como Pablo Aguado para mantener su legado. ¿Qué le parece? ¿Le llena de responsabilidad?
-Se palpa la ilusión de los aficionados y te la hacen llegar, pero ello mismo conlleva una responsabilidad bonita y muy grande. Sin embargo, en mi caso no le echo mucha cuenta porque huyo de esos clichés como lo de ser torero de Sevilla ni de ninguna otra parte. Lo considero una ambición muy corta. Cada uno debe perseguir sus metas haciendo el toreo según sus sentimientos.
“Curro me repite que sea siempre fiel a mí mismo y que haga las cosas muy despacito. Cada consejo suyo es una lección para toda la vida”
-¿Cuáles son los sueños de Pablo Aguado para el futuro?
-Mis sueños consisten en mantener la ilusión y el celo con el que he estado este año. No me pongo ninguna meta en concreto. La meta es el camino, el día a día. Lo ideal es que siga estando a gusto el día que me vista de luces. Esa ha sido el mayor logro de esta temporada y espero que siga igual en el futuro.
El Faraón de Camas sentencia toreros. A Pablo Aguado lo ha colocado en sus entrañas y siempre lo menciona como el depositario de las esencias del toreo bueno. Pablo ha logrado que su toreo con el capote sea santo y seña de su personalidad. “El capote y la muleta son importantes, pero torear bien de capa a un toro es algo único, primero porque no es fácil y después porque, a mí al menos, me deja una satisfacción muy honda”. El torero sevillano adora a Curro Romero, artista genial con el capote. Se admiran mutuamente. “Es una maravilla que todo el mundo se acuerde de Curro cuando se han cumplido los veinticinco años de su retirada. Tengo el privilegio de disfrutar de su amistad y sus enseñanzas. Me repite que sea siempre fiel a mí mismo, de que haga las cosas muy despacito y de seguir lo que me dicte el corazón”. Esa amistad es uno de los regalos que más le han gustado en su vida: “Cada consejo de Curro es una lección para toda la vida”.


