AL COMPÁS
Los Camará, el legendario don José, Manolo y Pepe, con Pedro Toledano, autor del articulo. Foto: CanoLos Camará, el legendario don José, Manolo y Pepe, con Pedro Toledano, autor del articulo. Foto: Cano

Aquellas tres letras de cambio

Pedro Toledano
domingo 29 de marzo de 2026
Apenas quedan apoderados independientes. Esa figura se la han apropiado quienes han elegido el ahora complejo camino de la empresa en el que para conciliar las cuentas a final de temporada contabilizan comisiones con lo recaudado en las taquillas

¿Existen todavía las letras de cambio? Aquel documento que servía como instrumento de crédito y pago seguro. Si existen no se utilizan, pasaron a mejor vida como otras tantas cosas que nos hicieron felices y nos facilitaban la existencia. Esto de las letras de cambio lo traigo a colación de una de las muchas sentencias que le oí al viejo Camará, también a sus hijos Pepe y Manolo. Solían decir: "Con las tres letras de cambio que son las Fallas de Valencia, la Feria de Abril de Sevilla y el San Isidro de Madrid, un torero que esté dispuesto a firmarlas y… pagarlas, acaba con los trust, los vetos y las zarandajas, y se podría comprar la finca, el haiga y los más atrevidos y apasionados hasta la ganadería".

Aquella realidad que fue, debería estar vigente a pesar de que los tiempos hayan cambiado tanto, como que ya no existen ni las letras de cambio ni tampoco el ecosistema que regía la Fiesta cuando un torero rompía con la fuerza que lo ha hecho, por poner un ejemplo actual y cercano, el valenciano Samuel Navalón en San José. En la época en la que quien fue paradigma de buen apoderado, si se pagaban con solvencia la letra de Fallas, como ha sido el caso del torero de Ayora, se entraba directo en Sevilla, y de igual manera se le abrían las puertas de Madrid.

Hoy todo es distinto. Apenas quedan apoderados independientes. Esa figura se la han apropiado quienes han elegido el ahora complejo camino de la empresa en el que para conciliar las cuentas a final de temporada contabilizan comisiones con lo recaudado en las taquillas. El resultado es que el torero, salvo en contadas y dignas excepciones, se convierte en sostén del empresario sin derecho ni a voz ni voto. El estímulo para quienes sueñan con llegar a la cima se ve limitado y la meritocracia cercenada. Y es peligroso porque la Fiesta pide constantemente frescura, novedad y nuevas ilusiones. Ahora las letras de cambio tienen vencimientos a muy largo plazo. Por todo ello urge la separación de poderes.

Síguenos

ÚLTIMAS NOTICIAS

Cargando
Cargando
Cargando
Cargando
Cargando
Cargando
Cargando
Cargando