Natural de Vitoria, fue alumno de la Escuela Taurina de Salamanca, previo paso por la de Medina de Rioseco, y afincado actualmente en la provincia de Valladolid. Se trata de Pedro Andrés Arija, también conocido como "el último torero vasco", sobrenombre del cual presume, aunque, a su vez, espera no serlo. Tras un 2025 cargado de éxitos, el novillero vitoriano espera con ansias su próximo compromiso, su presentación en la plaza de toros más importante del mundo: Las Ventas de Madrid. Lo hará este domingo 12 de abril, acompañado por Jesús Romero, que también se presenta en el coso de la calle de Alcalá, y Mariscal Ruiz, quienes se enfrentarán a las reses de la ganadería salmantina de Hermanos Sánchez Herrero. Conversamos con el joven espada días antes de su presentación en la plaza de toros madrileña.
-Pedro Andrés Arija, "el último torero vasco"...
-Espero que no.
-Aunque...
-Aunque siento orgullo de mis raíces.
-Teniendo en cuenta que en Vitoria no se celebran corridas de toros, ¿es difícil ser torero siendo de allí?
-Es difícil ser torero a secas. El mundo del toro es muy sacrificado. Se ha de dedicar mucho tiempo a ello. Para ser torero hay que dejar a un lado un sinfín de actividades que muchos jóvenes realizan con frecuencia. Hay que ser constante y disciplinado. Pierdes amistades, cargas a tu espalda muchas horas de carretera y manta, etc. Mucha gente no está dispuesta a sacrificarse tanto, tampoco a renunciar a tantos placeres, ni a perder minutos de ocio. Aquí no hay tiempo libre. Por eso es tan difícil ser torero, independientemente de dónde provengas.
-¿De dónde le viene la afición?
-De mi padre. Él fue novillero sin picadores y tuvo una gran relación con el apoderado Santos Santos "El Serranillo", quien además era el empresario de la plaza de toros de Vitoria. Mi padre me llevaba al coso de mi ciudad natal cuando aún se celebraba la Feria de la Blanca. También íbamos al campo. Poco a poco me fui empapando de todo este mundo tan bonito, y al final pues, ya sabes, de tal palo tal astilla. Cuando me di cuenta, el veneno de la afición ya se había inoculado en mis venas.
-Alumno de la Escuela Taurina de Salamanca, cuéntenos su paso por ella.
-De la Escuela Taurina de Salamanca me llevo, por encima de todas las cosas, los valores que aprendí. Los valores que representa la tauromaquia. El respeto, la amistad, el compañerismo, el sacrificio, etc. También guardo muy buenas amistades. En ella me profesionalicé y di mis primeras andaduras, mis primeras novilladas... Además, allí existe una gran competencia, es muy complicado destacar.
-Previo paso por la de Medina de Rioseco.
-Guardo también muy buen recuerdo. Fue la primera escuela taurina a la que pertenecí, me siento orgulloso, aunque allí, por desgracia, no pude disponer de muchas oportunidades. Debido a esto me cambié a la Escuela Taurina de Salamanca.
-Apoderado por Jorge Manrique, ¿cómo es su relación con el maestro?
-He tenido una suerte tremenda. El maestro me ha apoyado desde el minuto uno. Me llevó de la mano a mi primera novillada. Me lo ha enseñado todo. Me ha mostrado lo compleja que es esta profesión y me ha hablado muy duro, lo cual le agradezco, así es como se aprende. También me dice que disfrute y que entrene mucho, esto último es fundamental. Si te llega una oportunidad, no se puede desaprovechar, hay que estar preparado. Me siento un privilegiado de poder navegar al lado del maestro.
"El maestro Jorge Manrique me ha enseñado a que si te llega una oportunidad, no se puede desaprovechar, hay que estar preparado"
-¿En qué toreros se fija?
-Me gusta aprender de todos. Creo que de cualquier persona que se ponga en la cara de un toro se puede sacar un detalle, ya sea en una plaza de toros, en un tentadero o toreando de salón. Quizá mis predilecciones sean el maestro Enrique Ponce y el maestro Julián López "El Juli". Aunque, como digo, es posible aprender de todas y cada una de las personas que se miden frente a frente con un toro.
-Ha toreado en México este año, ¿qué ha supuesto para usted el país azteca?
-Una experiencia inolvidable, jamás imaginé cruzar el charco. Es un sueño que he cumplido. Además, me llevo buenos amigos de mi paso por México. La pena es que los novillos no me dejaron expresar el toreo que yo siento y que quiero transmitir, pero el recuerdo se queda en mi corazón.
-En unos días, concretamente este próximo domingo 12 de abril, se presenta en la plaza de toros más importante del mundo. ¿Qué se le pasa por la cabeza?
-Incertidumbres. Aunque, sinceramente, apenas paro ni un minuto a pensar. Quiero disfrutar de cada momento hasta que llegue el día. Disfruto de cada entrenamiento, disfruto de cada conversación torera, disfruto los consejos, disfruto el hecho de escuchar a mis compañeros de profesión, disfruto de cada tentadero, etc. Estoy disfrutando mucho del proceso de preparación a mi presentación en Madrid, espero estar a la altura.
-El toro de Madrid o el público de Madrid, ¿qué exige más?
-Tú mismo. El que más se exige eres tú. Lo que yo me voy exigir no lo va a hacer ni el toro ni el público. Soy bastante exigente conmigo mismo. Y muy cabezón.
"El que más se exige eres tú mismo. Lo que yo me voy a exigir no lo va a hacer ni el toro ni el público"
-¿Ha cambiado alguno de sus hábitos pensando en su presentación en Las Ventas?
-No. No he cambiado absolutamente nada.
-¿De quién se va a acordar a la hora de trenzar el paseíllo?
-De toda mi familia. Para ser torero no me he sacrificado solamente yo, mi familia también lo ha hecho por mí. Han dejado a un lado un sinfín de cosas por acompañarme en mi sueño.
-¿Cómo se presenta el resto de la temporada?
-Aparte de Madrid, el 1 de mayo torearé en Aire-sur-l'Adour y el 23 en Vic-Fezensac. Se trata de un arranque muy comprometido y que exige de mucha responsabilidad. Por lo demás, estamos esperando. De momento, solo tengo la mirada puesta en mi presentación en Las Ventas.
-Para terminar, ¿es Madrid la plaza que más impone?
-El día 13 te llamo y te lo cuento.
-Mucha suerte, Pedro. Espero su llamada.
-Muchas gracias. La tendrás.





