El toreo orbita los últimos meses, en realidad las últimas temporadas, aunque nunca tanto como en estos días, en torno a la figura de Morante de la Puebla. Los límites estrictos del círculo de aficionados en el que habitaba el toreo se han visto claramente desbordados. De Morante y sobre Morante son todos (o casi) y hablan todos. Un fenómeno transversal que va de los ambientes más populares a los círculos intelectuales. Me adelanto a decir que justamente. Se trata de uno de los toreros más completos de la historia. A lo que añade una personalidad diferencial. Sin estrategias previas ni mistificaciones, virgen de influencias actuales, no gasta redes ni tiene coach ni es tipo cultivado, sencillamente se manifiesta como es, con absoluta libertad, respetuoso con las tradiciones, pero abierto al mundo y rebelde ante las imposiciones, también vulnerable… todo lo cual lo eleva a una categoría de gran personaje. Se torea como se es y se es como se torea, en este caso clásico, respetuoso, valiente, sin trampas…
"El toreo como contracultura. En respuesta a los Urtasun y Cía; ahora toca Morante y su grandeza"
Como torero dejó atrás su etiqueta de artista con las consiguientes (y aceptadas) irregularidades propias de los de su género (ese ha sido parte del secreto de su ascensión definitiva) para convertirse en el más valiente de los artistas y el más artista de los valientes, reconocimiento que se acuñó allá por los años cincuenta para referirse al también sevillano Manolo González. Todo lo cual, el personaje y el torero, ha levantado oleadas de admiración por parte de los aficionados y de los amigos de las últimas novedades sociales. Oxígeno para el toreo. Es mérito de Morante a la vez que reacción a tanta opresión oficialista. El toreo como contracultura. En respuesta a los Urtasun y Cía ahora toca Morante y su grandeza. Nada de eso impide, es la prueba del algodón, que hayan comenzado a salirle contestatarios y hasta negacionistas en el propio toreo. Se trata de la última y definitiva señal de su consagración, una figura sin oposición no es figura. ¡Con la falta que hacía un tipo como Morante!, que no solo torease como nadie, sino que hubiese dado con la gatera por donde escapar del gulag a donde nos empujaban. Con él se acabó (se aparcó) el peligro de extinción, reina la euforia. ¡Viva Morante!

