No es hora de recoger las migajas, ni de mirar para otro lado. ¡El negocio del espectáculo taurino está jodido de verdad! Los espectadores y los aficionados nos podemos quedar sin toros pero...
ANOET recuerda al "españoles, la patria está en peligro, acudir a salvarla" del Alcalde de Zalamea, con su grito angustioso reclamando una estrategia rápida encaminada a apuntalar la tambaleante Fiesta de los Toros. Por fin alguien da el paso adelante, reconociendo que el toreo está en quiebra y o todos los implicados -toreros, ganaderos y empresas- se dan prisa a empujar en la misma dirección, apretados como una piña, o caerá en la más absoluta marginalidad. Algunos periodistas llevamos años avisando y solo conseguimos que nos tachen de catastrofistas. Es más cómodo meter la cabeza debajo del ala como los avestruces para no ver el peligro.
Ahora, cuando redobla el tambor del Bruch está por ver si se produce la reacción adecuada a la necesidad sobre la que ANOET ha llamado la atención. No es hora de recoger las migajas, ni de mirar para otro lado. ¡El negocio del espectáculo taurino está jodido de verdad! Los espectadores y los aficionados nos podemos quedar sin toros pero los toreros, los ganaderos y los empresarios se pueden quedar sin su medio de vida, que en algunos de los casos viene de una larga tradición familiar.
Ellos son los que tienen que meter los pies en una palangana de agua fría y tomar conciencia de la realidad. A los precios que los ganaderos se están viendo obligados a vender los toros, vale más dedicarse a la cría de gusanos de la seda. Si los toreros que interesan al público no bajan gatillos van a acabar sentados. Y si las empresas no se fajan con Hacienda y con las propiedades de los coliseos taurinos, para que se pongan en razón también con las circunstancias económicas del país, va a organizar corridas de toros San Apapucio Obispo, patrón de los betuneros. ¿Verdad que se entiende? Pues para luego es tarde…
