Hay motivos para declarar a Cutiño el adelantado de la lucha por sacar al toreo de las tinieblas tenebrosas entre las que está caminando de unos años a esta parte. A ver si algunos de tus compañeros de profesión recapacitan y ponen en marcha la máquina de pensar.
Por fin un empresario se atreve a quitarse la careta de la suprema importancia, y a decir que “el verdadero protagonista es el torero”, porque “ningún empresario, lleva gente a la plaza”. Si además Cutiño aboga por la organización de la Fiesta sumando los esfuerzos de empresario y toreros, miel sobre hojuelas porque el toreo no es exclusivo de nadie. Hay motivos para declarar a Cutiño el adelantado de la lucha por sacar al toreo de las tinieblas tenebrosas entre las que está caminando de unos años a esta parte. Lo ha dicho en el Club Taurino de París y es de esperar que los empresarios y los toreros que todavía no se habían dado cuenta de esa verdad de perogrullo, bajen de las nubes, olviden los retortijones del pasado más o menos inmediato, y se pongan manos a la obra a organizar las primeras ferias de 2015 bajo esa realidad que es un auténtico axioma.
Pero hay más. Otra verdad incontrovertible, de la que aquí no todos parecen haberse percatado. Y es que los toreros son los protagonistas, claro que sí, pero no uno ni cinco ni diez ni veintisiete: TODOS. Porque ayer fueron unos los que protagonizaron la fiesta más culta del mundo según García Lorca, hoy son otros y mañana mismo puede haber por ahí un chiquillo que nadie sabe de su existencia, que, con cuatro verónicas y media docena de naturales, pone el toreo boca abajo y manda más que un general en plaza.
Y como el público, siendo diferente en cada época, sigue siendo el mismo porque siempre va a los toros y paga un precio por disfrutar de un arte que le cautiva y le emociona, es el que en última instancia manda en el espectáculo taurino, dirijamos todos los esfuerzos a que recupere el respeto y la pasión por la Fiesta Brava. Así es que, muy bien Cutiño; a ver si algunos de tus compañeros de profesión recapacitan y ponen en marcha la máquina de pensar, dejan de sentirse el ombligo del mundo y pelillos a la mar. Aquello de “perdón y olvido” es un concepto que no falla en casi nada, y no tiene por qué fallar en el toreo. Algún golpe de pecho de vez en cuando suele ser una medicina muy sana. Y más cuando se tiene la Macarena cerca. Sobre todo, habida cuenta de que aquí, por mucho que la culpa sea muy negra y nadie la quiera, inocente, inocente no hay ni la paloma azul.
