Hacía tiempo que no se vivía un encierro con semejante dosis de emoción, de la de verdad, de la que encoge el corazón y mantiene la mirada fija en el asfalto. La ganadería de Álvaro Núñez ha protagonizado, en su segundo año en Pamplona, una carrera de las que crean afición, marcada por una velocidad endiablada de salida, momentos de altísimo riesgo y una ruptura total de la manada en la curva de Estafeta que ha cambiado por completo el guion de la mañana. Todo ello, ante una masificación ya propia de las vísperas del fin de semana, con una cantidad de corredores que hacía prácticamente imposible encontrar un metro limpio para correr.
La tensión se palpaba desde el mismo instante en que se abrió el portón. Un toro de Álvaro Núñez ha salido con una marcha más, adelantándose a sus hermanos y barriendo la cuesta de Santo Domingo a una velocidad vertiginosa. El empuje de los de lidia era tal que, antes de alcanzar la plaza de Mercaderes, tres astados ya se habían colocado en la vanguardia. En un comportamiento poco habitual y de muchísimo peligro, los seis toros —"Asustado" (565 kilos), "Gavilán" (595), "Naranjero" (570), "Asturiano" (575), "Billetero" (590) y "Juncoso" (590)— han tomado el mando absoluto del grupo, corriendo por delante de los cabestros y guiando la carrera a un ritmo frenético hacia el casco viejo.
El punto de inflexión ha llegado en el tramo más emblemático de la carrera. La velocidad a la que el grupo ha enfilado la curva de Estafeta ha provocado que los astados se estrellaran con violencia contra la pared. Hacía tiempo que no se presenciaba un impacto tan seco y determinante en este punto. El brutal golpe ha fracturado la manada en dos mitades bien diferenciadas: por delante han quedado dos toros —uno negro y otro colorado— acompañados por un único cabestro, abriendo una distancia considerable con respecto al resto de sus hermanos.
Esta ruptura ha sido, a la postre, la salvación para los cientos de mozos que abarrotaban la calle Estafeta. Al dividirse el grupo y estirarse la carrera, se han abierto los ansiados huecos que permitieron a los corredores ponerse frente a las astas, un auténtico milagro dada la tremenda masificación de la jornada, que ha dejado numerosas caídas y montoneras a lo largo de toda la calzada. El peligro ha sido constante, con los animales pisando talones y buscando el camino hacia la plaza entre una marea humana.
En el tramo de Telefónica un toro ha quedado rezagado tras caerse, creando momentos de tensión, aunque afortunadamente la nobleza de los cabestros escuderos ha evitado que se volviera o quedara completamente desorientado, acompañándolo en todo momento para cerrar el trayecto con seguridad pero sin perder un ápice de emoción.
Un encierro peligroso, de los de antes, que deja la adrenalina por las nubes en Pamplona y que sirve como el mejor prólogo para la tarde. El encaste y la imponente presencia de estos seis ejemplares esperan ya en los corrales del coso para una de las citas cumbre de la feria: Morante de la Puebla, Borja Jiménez y Pablo Aguado.
El peligroso encierro se ha saldado finalmente con un balance sanitario de nueve asistencias en el recorrido y cinco traslados a centros hospitalarios. Todas las atenciones corresponden a contusiones y traumatismos, confirmándose que no se ha registrado ninguna herida por asta de toro.
