EL PALCO

Revaloricemos la vuelta al ruedo

Rafael Comino Delgado
martes 14 de julio de 2026
La vuelta al ruedo es un premio muy valioso que debemos rescatar y revalorizar, entre otras cosas porque es el público quien lo concede y no el presidente

Si la memoria no me falla, creo que desde finales de los ochenta, más o menos, la vuelta al ruedo como premio a la faena de un matador se ha venido devaluando, debido, entre otras cosas, a que algunos toreros considerados figuras empezaron a desistir de darla, aunque el público lo solicitase, si no habían cortado algún trofeo. Poco a poco se fue generalizando dicha actitud hasta el punto de hacerse casi norma. Sin embargo, la vuelta al ruedo es un premio muy valioso que debemos rescatar y revalorizar, entre otras cosas porque es el público quien lo concede y no el presidente. Con razón se dice, y es verdad, que la fiesta de los toros es el espectáculo más democrático que existe. Y una de las razones es la petición de una vuelta al ruedo para un torero.

Hoy vemos espectáculos en los que hay una fuerte petición de oreja, pero no suficiente para ser mayoría, y, por tanto, no merecedora de una oreja. Puede ocurrir que el público esté de acuerdo con la no concesión por dicho motivo por parte del presidente, pero considera que la petición es suficiente para que el torero dé una vuelta al ruedo, en cuyo caso le pide que la dé, y debe darla, pues si no la da hace un desaire al público. También puede ocurrir que habiendo negado la oreja el presidente, el público piense que sí había mayoría para concederla, y en tal caso le pide al matador que dé dos vueltas al ruedo, que debe darlas, pues ello equivale a una oreja, aunque el presidente no la haya concedido.

Los días 21 y 23 de junio pasados actuaron en Alicante Marco Pérez y Morante de la Puebla, respectivamente, y en ambos casos el presidente negó la segunda oreja de un toro a los matadores citados -sus razones tendría- y ello ocasionó un intenso enfado de los matadores, haciendo gestos ostensibles de  desacuerdo, especialmente en el caso de Morante, que incluso se negó a salir en hombros al final de la corrida, cosa a la que tenía derecho ya que había cortado una oreja en cada toro. El presidente es la máxima autoridad en la plaza, y tanto el público como los profesionales -aunque sean grandes figuras- deben respetarle, si bien el público puede mostrar su desacuerdo, pero nada más, y los toreros deben acatar sus decisiones, si bien después pueden pedirle que les explique el porqué de sus decisiones, pero dentro de la máxima corrección. En ambos casos creo que el público podía haberle solicitado a los matadores que diesen una segunda vuelta al ruedo, tras la que dieron por haber cortado una oreja, pero no lo hizo así, tal vez por falta de costumbre. Se hace, por tanto, necesario rescatar y revalorizar la vuelta al ruedo y las dos vueltas al ruedo como equivalente a una oreja.

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