Con las imágenes de Francia y las cifras de la barbarie como fondo, ¡cuánto dolor, cuánta sinrazón!, cuesta escribir de cualquier materia que no sea la indignación ante semejante cerrilismo. El dolor de la amada y admirada Francia es nuestro dolor, el mismo que recorre el mundo civilizado más allá de la religión que se abrace. No puede haber un Dios, no sería Dios, que marque ese camino de muerte y desolación. Ante semejante despropósito, que hayan declarado Mallorca antitaurina es poco menos que una chiquillada aunque se haya producido igualmente en el territorio de la intolerancia. Además no es cierto, Mallorca no es antitaurina por mucho que se empeñen, sus mandatarios son los antitaurinos. No es lo mismo. Son antis pero también fatuos, reyezuelos bananeros, trileros de pacotilla que venden lo que no tienen, humo. Su declaración no pasa de ser pura filfa en busca de visibilidad mediática. No tienen competencias pero prohíben. Qué pena, teniendo mil frentes abiertos para aprovechar su supuesta vocación de servicio público, para mostrar sus sentimientos solidarios con la humanidad, para combatir la corrupción que resta fondos a la educación y a las clases desfavorecidas, para tenderles una mano a los niños que llegan en las pateras, para rebelarse contra quienes inspiran sucesos como el de París, se quedan en sus algaradas y soflamas antitaurinas, prefieren dedicar tiempo, dinero e influencia a enarbolar la bandera de un supuesto animalismo tan cuestionable y falso como su populismo. Hay que ver el papelón del PSOE en esos casos. De algo tendrán que vivir políticamente, supongo, esa es la explicación y el detalle que no les excusa.
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