Opinión

A grandes males, grandes remedios

Vamos a intentar salvar la fiesta de los toros. Si conseguimos que las corridas de toros y novilladas se puedan celebrar siguiendo las instrucciones sanitarias establecidas por los organismos pertinentes, sin que sean una absoluta ruina, habremos contribuido a dar un importante paso adelante para vencer al covid-19 en todos los campos en los que se trate de combatirla seriamente. Precisamente, utilizar adecuadamente los inmuebles donde se celebra el rito taurino puede ser un ejemplo a seguir para otros espectáculos de masas, ya sean deportivos o artísticos. El aforo de los mismos da pie para experimentar la efectividad del distanciamiento social que impida el contagio, que es el cogollo de la cuestión.

Si además, a la entrada de los espectadores se pudiera llevar a cabo un sistema que garantizara el estado de salud de los mismos, parte importante del riesgo se evitaría con un apreciable grado de efectividad y se contribuiría decisivamente a darle la puntilla a la pandemia. ¿Que todo eso llevaría implícito un costo inevitable? Es cierto, pero el que algo quiere algo le cuesta. Más vale una parte de poco que nada de mucho. Las empresas taurinas, los toreros y los ganaderos deben dejar a un lado el egoísmo económico, aprendiendo a perder algo ahora para recuperarlo todo en el futuro. Y no digamos aquellos toreros millonarios, que no son muchos pero que se lo deben todo a una afición que los ha seguido año tras año, jaleándoles los triunfos y perdonándoles las tardes aciagas. Lo importante es que la Fiesta siga, porque un parón absoluto podría ser letal para el espectáculo español por antonomasia.

Ya es sabido que tendremos que aceptar la ralentización de la temporada natural, y que muchos toros que estaban preparados para este año tendrán que ir al matadero. Pero si se lidia la mitad o un tercio de las camadas, la ruina no será tanta como si por fas o por nefas, o incluso por pasarse de listos con el fin de acelerar la recuperación, se ponen palos en las ruedas del futuro del toreo. Siempre será preferible seguir rodando aunque sea poco a poco que el apagón total. Cualquier esfuerzo será apreciable si se trata de salvar la Fiesta. Si el mundo del toro reacciona con sentido común, positividad y sacrificio lo seguirán el del futbol y el de otros muchos espectáculos que se encuentran en situación parecida, y aún peor. Y una vez más, habremos sido pioneros del sentido común y el civismo como lo hemos sido siempre.

El toreo es una Fiesta genuinamente española, y los españoles de todas las culturas, ideologías y posición social hemos sido siempre una casta de valientes dispuestos al sacrificio por las cosas en que hemos creído. No vamos a rendirnos ahora por un virus criminal, que trata de robarnos la moral y las ganas de vivir. El refranero popular es rico en cantidad y calidad, y este es el momento de aplicar con decisión aquel refrán que afirma: “A grandes males, grandes remedios”.

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A grandes males, grandes remedios

Paco Mora

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