David, que era así de chico, se cargó de una pedrada a Goliat, que era así de gigantesco. O sea que David era más listo que la madre que lo parió; y Goliat era un gigante de cartón. ¿Vale el símil? Esta Fiesta, aseguran las encuestas más rigurosas, y peinadas para que no nos den muchas alegrías, que no hay tío páseme el río. Que la Fiesta tiene casi dieciocho millones de gente adicta, que gusta de los toros y eso supone, o debía suponer, un poder casi intocable. Sin duda tenemos la talla del tragón Goliat. Al frente están esas minorías políticas (¿qué porcentaje suponen partidos como Esquerra en el cómputo de personas de toda España?), que junto a minorías animalistas (en el sentido activista porque animalistas somos muchos) se han convertido en un David inquietante y casi, otra vez, ganador.
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