El 16 de junio de 1960, en la festividad del Corpus, Las Ventas acogió dos corridas, una vespertina y otra nocturna, en la que se anunciaba en solitario Antonio Bievenida. La gesta de matar doce toros en Madrid en apenas media jornada no pudo consumarla debido a unos inoportunos calambres que le obligaron a retirarse en la enfermería en el toro noveno.
A decir verdad, no fueron actuaciones triunfales. Los toros que lidió Bienvenida, seis del campo charro y otros tantos provenientes de dehesas andaluzas, no dieron el juego esperado y ninguno le permitió cuajar una faena redonda. Eso sí, Antonio, quizá el hermano de la dinastía más querido en Madrid, fue recibido en ambos paseíllos con calurosísimas ovaciones e incluso llegó a brindar el último toro de la corrida de la tarde al público de la solanera, diciendo: "Aunque no os hayáis divertido vosotros ni yo, vengo a daros las gracias por haber venido, porque con lo que está cayendo hay que tener mucha afición para estar ahí".
Tras estoquear el tercer toro de la noche, el doctor Giménez Guinea le asistió de agarrotamiento de los músculos de las piernas. Se le puso una inyección y se le dieron masajes en búsqueda de un rápido restablecimiento, pero en vista del estado del diestro, pasados los diez minutos que se habían fijado de forzado descanso en el festejo, el doctor le prohibió salir al ruedo. Antonio Mahillo, modesto novillero extremeño, se hizo cargo de los tres toros restantes, ganándose la simpatía del público y llegando incluso a dar una vuelta al ruedo.
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