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Cambian los vientos

La plaza más importante del mundo tiene nuevos inquilinos: Casas y Rafa Garrido. A Simón le ha llegado la hora de unir los sueños y las realidades pero hay un mandamiento intocable: la categoría del toro y la exigencia de la afición.

No hubo temporal y la concesión de Las Ventas llegó a puerto con Simón Casas y Nautalia. Y al tiempo finaliza en Madrid un gran taurino, José Antonio Martínez Uranga “Chopera”. Le admiro yo y hasta los propios que le jubilan. Simón estuvo a su lado en tiempos no lejanos y les unía la música parecida pero discrepaban en la letra. Y acabaron separados y amigos. Pero Simón es mitad poeta y mitad estratega y lleva años a caballo de la utopía como un labrador de mi pueblo que era muy bueno sembrando la huerta, cuidándola como nadie pero que al final, no se sabe bien por qué, era el agricultor que menos ganaba y más soñaba.

A Simón le ha llegado la hora de unir los sueños y las realidades. Entre otras cosas porque Las Ventas necesita ideas; pero hay un mandamiento intocable: la categoría del toro y la exigencia de la afición.

No hubo golpe de timón en la respuesta oficial de Chopera, o de lo que sea, y la plaza más importante del mundo tiene nuevos inquilinos. Casas y Rafa Garrido; y seguro que llegan con el zurrón cargado de soluciones para hacer más rentable la plaza y para mejorar la programación. Pero hay que trabajar muy duro y muy de verdad. Aparte de otras posibilidades económicas. Lo curioso es que el poeta y el barquero hayan derrotado por dinero a dos taurinos de amplia fortuna: Chopera y Bailleres, que dieron lo justo, posiblemente porque era lo sensato, posiblemente porque pensaban en la única taquilla que es la de los toros, o posiblemente porque a los ricos lo que más les cuesta es soltar la pasta. Simón nunca la guardó y los navieros siempre han sido soñadores.

Qué pena porque el cuatripartito hubiera valido: Chopera, Simón, Bailleres y Rafa. Porque a unos les falta sólo lo que tienen los otros. Y viceversa.

En fin, obras son amores. Madrid sobrevive fundamentalmente por la labor de tres grandes taurinos: Manolo Chopera e hijos, los Lozano y José Antonio y Manuel. Jardón, Berrocal y don Diodoro fueron etapas nefastas. Ojalá a más de la modernidad, los sueños, los extras y todo lo demás, Madrid siga siendo el faro de la Fiesta. Y eso lo sabe hasta la gente del mar.

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Manolo Molés

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