No hubo golpe taurino, ni derrocamiento del poder establecido, ni siquiera un conato de posible cambio. El asalto a la Bastilla madrileña se quedó en agua de borrajas, que son unas verduras muy ricas que hay en Aragón y que dejan el agua como si te hubieras lavado los pies. Entero, y la compañía, tuvieron que conformarse con ese minuto de gloria que siempre sabe a poco. Ahora, claro, hay mil preguntas.
¿La Comunidad propició esta candidatura para dar la sensación de que el pliego no estaba hecho a medida para el equipo ganador? Otra, ¿se presentó Entero a sabiendas de que no pasaba el corte y que esto le valdría de cara al futuro y a otras plazas? Mil preguntas y una sola respuesta.
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