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¡¡Dios mío, qué toro!!

¡Qué gloria de toro! Con un toro así en cada feria de plaza de primera, no podrán con la Fiesta ni las multinacionales que pagan a los desarrapados antitaurinos ni los políticos venales que tiran piedras al tejado de su patria.

Españolito que viniste al mundo en esta tarde gloriosa para el toreo, te guarde Dios. Y cuando ya seas muy viejo y comiencen a fallarte las neuronas, si te preguntan cuántos años tienes y no te acuerdas te bastará con decir que fue el día que Sevilla indultó al toro “Cobradiezmos” de Victorino Martín, para que todos sepan que naciste el 13 de abril de 2016. Un toro bravo, encastado, con fiereza, mucha clase e inagotable en sus embestidas, haciendo un regatón con el hocico por el rubio albero maestrante queriéndose comer la muleta por abajo. ¡Qué gloria de toro! Con un toro así en cada feria de plaza de primera, no podrán con la Fiesta ni las multinacionales que pagan a los desarrapados antitaurinos ni los políticos venales que tiran piedras al tejado de su patria. Un toro para la historia que por sí solo justifica una ganadería e incluso la existencia de la Fiesta Brava. El viejo Victorino, enhorabuena amigo, puede dormir tranquilo porque con toros como “Cobradiezmos” su vida entregada a la cría del toro bravo habrá valido la pena ser vivida.

Al lorquino Paco Ureña le ha tocado también un magnífico toro al que ha desorejado por partida doble. Lorca merecía ya un torero de postín y Ureña ha demostrado en La Maestranza que puede serlo porque ha toreado con el regusto, la calidad y el sentido de la colocación que ya había apuntado en otras plazas como Madrid y Valencia. Morenito de Aranda ha luchado como un jabato pero toros como el cuarto es muy difícil que salgan dos en una tarde. Así y todo Morenito ha dado la cara y lo ha intentado con su lote, e incluso ha alcanzado momentos de meritorio lucimiento.

A Escribano le ha tocado hoy la lotería, ya que con “Cobradiezmos” enganchado a la panza de su muleta ha pasado a la historia del toreo, pues la tarde de hoy en La Maestranza ha hecho historia, y más de uno se estará comiendo la uñas de rabia por haber regalado su entrada a un amigo porque no toreaban las figuras y ha preferido quedarse en casa. Grave error porque con “victorinos” en la arena el interés hay que darlo por supuesto, y en cualquier momento puede pasar cualquier cosa. Desde lo mejor a lo peor. Esa es la grandeza de un hierro.

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¡¡Dios mío, qué toro!!

Paco Mora

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