Convulsión internacional, el mundo boca abajo por la amenaza terrorista, tanta muerte, tanto horror, tantos valores violados, tanta sinrazón, acongoja y sonroja a la especie humana. O debería. Nuestra querida Francia, el otro gran país taurino, cuna y crisol de culturas, encañonada por el fanatismo. En ese marco a la hora de escribir esta columna los problemas de supervivencia como los que sufre el toreo quedan a un lado de la realidad, lo que no quiere decir que no sean problemas, que lo son y gordos, para el mismo toreo y para todos cuantos viven o amamos el toreo. En cualquier caso, nada comparable al drama de la intolerancia en el mundo. Correlativamente con los sucesos de Francia, las acusaciones de violencia con las que nos quieren estigmatizar a los aficionados no pasan de ser auténticas boutades. Violencia es eso. Violencia es intolerancia e intolerancia es el camino a la violencia, van de la mano, dicho sea a modo de reflexión ante quienes no admiten la existencia de la Tauromaquia ni por ende de los aficionados a los toros. Así que ante corrientes ideológicas de esa calaña hay que tentarse las ropas. Que se lo pregunten a los amigos franceses, me refiero ahora a los amigos franceses aficionados al toreo que la sufren. Empiezan tirando un molotov a la casa de un crítico taurino y nadie sabe dónde se puede acabar. El abrazo de quienes hacemos Aplausos a cuantos sufren el drama de la intolerancia que en realidad somos todos.
Lea AQUÍ el artículo completo en su Revista APLAUSOS Nº 1946
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