La muerte es según la moral del que manda. El animal y sus derechos también. La moral del que manda es inmoral. Absolutamente interesada. La muerte violenta de un animal, en este caso un toro bravo, a la luz del día y en público, es inmoral, anacrónica y un atraso de la condición humana a decir de la gran parte de la clase política. Esa moral del poder terminó con las corridas de toros por esas razones y para, nunca hay que olvidarlo, preservar los “derechos” del animal toro. Pero desde ese mismo poder y esa misma moral del poder conocemos noticias que certifican su hipocresía. Política y humana. Y produce vómito.
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