Si se midieran las ganaderías por el nombre de los toreros que las eligen, las estadísticas ganarían en matices, serían más elocuentes. Antes de arrancar la temporada de 2010, José Tomás se había apuntado a dos corridas de Victoriano del Río: una en Madrid, en la lujosa semana de coda de San Isidro, y otra en Barcelona, anunciada calculadamente para el 18 de julio, diez días antes de la previsible y casi cierta prohibición de las corridas de muerte en Cataluña. Salieron buenas las dos.
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