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El cariño verdadero

El respetable se muestra silencioso, interesado, respetuoso... Pero decir que la “gente” ha estado “cariñosa” con un torero es una gigantesca cursilada. Y es que el toreo actual necesita un rearme incluso en su lenguaje.

“Ha sido increíble el cariño de la gente”, dijo Talavante al finalizar su actuación en la valenciana plaza de Monleón. Si Lagartijo, Frascuelo, Guerrita, Joselito, Belmonte e incluso Manolete -que vivió tiempos más parecidos a los que hoy vivimos- levantaran la cabeza se quedarían de piedra ante tanta cursilería. Porque “la gente”; el público, la afición... El respetable que va a los toros previo pago de su entrada en taquilla, y no a precios de saldo precisamente, se muestra silencioso, interesado, respetuoso, entusiasmado y hasta indiferente con lo que ocurre en el ruedo. Pero decir que la “gente” ha estado “cariñosa” con un torero es una gigantesca cursilada. Y es que el toreo actual necesita un rearme incluso en su lenguaje.

La “gente”, el respetable, que se le denomina así porque merece todo el respeto ya que con su dinero mantiene y ha mantenido siempre la Fiesta, aplaudió a rabiar a Talavante tanto con el capote como con la muleta porque estuvo realmente soberbio, pero cuando en el uso de la espada se mostró como un autentico pinchauvas, ese público al que Talavante llama “gente” evidenció su descontento, porque las faenas, y más las buenas de verdad como la suya, se desvalorizan sino terminan con una estocada en el hoyo de las agujas.

No digo yo que los toreros deberían volver a ser gente de rompe y rasga con patillas de “bocacha”, ni que llevaran la navaja cabritera en la faja, ni que se desplazaran de una a otra plaza en diligencia o a caballo, como llegaba Lagartijo a la Feria de Utiel desde su Cordobita la llana. Pero si que los toreros deberían tomar conciencia de que son seres especiales y distintos por la propia naturaleza de su quehacer, y que por ello no son seres a imitar, porque lo que ellos hacen no está al alcance de todos los españoles como el NODO, pero sí que deben dar razones constantes para que se les admire. Y no “cariñosamente” sino muy seriamente. Que ese es el cariño verdadero a que deben aspirar los buenos toreros. Ese que ni se compra ni se vende.

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El cariño verdadero

Paco Mora

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