En las diez primeras corridas de San Isidro -ni siquiera la mitad de las veinticuatro de programa- abundaron los toros cinqueños. Lo fueron, por ejemplo, los seis de Juan Pedro Domecq -con el hierro de Veragua- de la Corrida de la Prensa del 21 de mayo. El tercero de esa corrida, uno de los pocos toros que no pasaron la aduana casi preceptiva de los 500 kilos, hizo valer la pauta de la edad con dos despabiladeras de escalofrío. Y con su seria conducta. Un toro terciado para lo que es el canon o el listón de Madrid, pero muy bien rematado. Muy bello.
La nómina de toros de buena nota de esa casi primera mitad de la feria incluye al menos una docena. Doce de los cincuenta y seis muertos a estoque. Aquí no vale la doctrina taxativa del numerus clausus y, por eso, donde dice doce puede decirse trece, catorce y quince. Pero puede quedarse la cosa en diez si se espesa el cedazo.
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