CORRIDAS GENERALES

El Juli dicta su última lección en Bilbao

José Ignacio Galcerá
sábado 26 de agosto de 2023
Recibido con honores y despedido entre clamores, ofrece una tarde de ambición y compromiso desbordantes

Era el día, la tarde y, con el permiso de Roca Rey, la feria de El Juli. En esta plaza, una de las suyas -¿cuál es la que no es de El Juli?- tiene registros espectaculares de ahí que antes de que trenzara el último paseíllo de su vida en Vista Alegre, fuera recibido con todos los honores. Un chistulari y un dantzari interpretaron el aurresku, la danza tradicional del País Vasco, a modo de reverencia y bienvenida. El torero madrileño, emocionado, lo vivió en la segunda raya, solo, con sus compañeros esperando en el portón del patio de cuadrillas. Ese fue el primer homenaje, el segundo llegaría antes de la salida del toro que abría plaza, con el público todavía acomodándose, estalló Bilbao en una atronadora ovación. Todo el mundo en pie.

Y no solo fue su tarde por aquello de los reconocimientos y las despedidas, lo fue porque en el ruedo dictó una lección de ambición, de lo que significa ser una figura del toreo, una exhibición de compromiso que le ha llevado a estar un cuarto de siglo en lo más alto. El Juli salió encendido desde el primer momento, con el fuego que trae desde que empezó en esto. Inagotable, incansable. Al espectacular salinero que hizo primero se lo sacó ya a los medios toreando a la verónica. Muy poco castigado en el caballo, se apretó en un quite por chicuelinas y una media enganchada y rematada atrás. Tan metido estaba El Juli, que no se había preparado el tercer par José María Soler, y ya tenía la muleta en la mano. Tras el brindis a Juan Manuel Delgado, miembro de la Junta Administrativa de Vista Alegre y presidente del Excelentísimo Club Taurino de Bilbao, llevó Julián a cabo la filosofía Chenel, la de pronto y en la mano. No era el día para perder el tiempo. Entre las dos rayas, una tanda sobre la derecha prendió la faena. Y todo el mundo metido ya. El toro de Victoriano del Río tuvo un buen pitón derecho y por ahí le apretó El Juli, por abajo, llevándolo largo y sometido. Por la mano izquierda embestía más dormido y aun así le cuajó una serie notable llevándolo a su altura. Fue una faena de intensidad creciente. También medida. Pinchó, volvió a pinchar, quedando la espada perpendicular, y se atascó mucho con el descabello.

Pero a El Juli le quedaba una segunda bala y eso en su caso es mucho. El cuarto arreó mucho en banderillas, tanto que Álvaro Montes y Pilo tuvieron que tomar el olivo. El brindis llevaba consigo el agradecimiento a una plaza en la que no ha fallado ningún año. Y de nuevo la tremenda ovación. En ese momento descargó la lluvia, que se esperaba para antes, y Juli, lejos de que no le echaran cuentas entre chubasqueros y paraguas, inició por alto y a pies juntos, sin moverse, en un prólogo eléctrico. El Juli se dejó caer sobre los riñones y desde ahí creció una faena ligada, templada, sin tiempos muertos. Un prodigio. Llevó siempre cosida la embestida, ni un solo enganchón. Arrebatado, metido, era su día y nada se lo iba a estropear, ni el buen pero rajado victoriano. Se quería ir el toro y El Juli no le dejaba, como deseando que no llegara el final para seguir disfrutando de la tarde. Si no era por un lado, lo era por el otro. Le daba igual. Tenía claro que iba a ser sí o sí. De nuevo pinchó, la rabia en el gesto y el golpe en la pierna como lamento que era el de todos, porque se olía la puerta grande. Al segundo intento lo cazó. Se agitaban los pañuelos bajo el grito de ¡Juuuuli, Juuuuli, Juuuuli…! Una oreja y una vuelta al ruedo clamorosa.

En el lote de Roca Rey cayó el único toro con el hierro de Toros de Cortés. Fue una prenda ese tercero, por decirlo suavemente. Peligroso, incierto, midiendo siempre, cuando tenía a tiro a Roca Rey, a por él que iba. Por eso se mascaba durante toda la faena que en uno de esos arreones se lo iba a llevar por delante. No ocurrió de milagro. Un toro durísimo. El peruano aguantó aquello como pudo. Con que no se lo echara a los lomos ya era un triunfo. Lo despachó de un feo bajonazo.

No quería irse de vacío Roca Rey en la fiesta de El Juli. Y para eso el peruano tiene una receta básica que tiene en el pase cambiado por la espalda un arma infalible para poner en ebullición las plazas. Esta vez no fue en los medios porque el toro, aculado en tablas, no acudía. Acortó las distancias, mucho, desde la boca de riego a la segunda raya. Y ahí llegó el cambiado y el susto, porque le derribó con la pata el toro. Hizo por él el victoriano, se levantó a tiempo y le pegó otro por la espalda. Ya se había lanzando la faena. Pero el toro, de justo fondo, tenía pocas ganas de fiesta, apenas dos series duró, en las que Roca Rey le ligó derechazos de notable ajuste y asiento. Apagado el toro, ya le costaba pasar, tiró del toreo de cercanías, más festejado incluso que el fundamental. El pinchazo previo a una estocada casi entera no impidió que se pidiera la oreja. Pero aguantó Matías el tirón.

Suelto de salida el segundo, hizo sonar el estribo en el caballo, tirando un par de coces en el encuentro con el picador. Apretó para adentro en banderillas. No lo tuvo fácil la cuadrilla de Paco Ureña. Brindó al público el murciano. Manso encastado el toro, tuvo esa movilidad que transmitía, pero descompuesto, especialmente por el pitón derecho. Por la otra mano fue otra historia, mucho mejor, sobre todo en dos series de naturales extraordinarias del murciano, de figura erguida y templada muñeca. Desde ahí pareció que podía crecer la faena pero el toro huyó a la puerta de chiqueros. En ese momento se empeñó Ureña en torearlo ahí, sin cambiarle los terrenos y acabó diluyéndose la faena, que se alargó con los aceros.

Paco Ureña brindó a El Juli la muerte del quinto. Mucha movilidad en el rajado victoriano, que en cuanto le apretó el murciano por abajo, en dos series, una con la derecha y otra con la izquierda, ya tuvo la excusa para irse. Volvió Ureña a pegar muletazos buenos, de planta asentada, encaje y ajuste notables. Momentos sueltos. Seis pinchazos, un aviso y silencio.

Bilbao. Sábado, 26 de agosto de 2023. Toros de Victoriano del Río y Toros de Cortés (3º), bien presentados, de juego desigual. El Juli, silencio y oreja; Paco Ureña, ovación con saludos tras aviso y ovación con saludos tras aviso; Roca Rey, silencio y ovación con saludos. Entrada: Más de tres cuartos de plaza.

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