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Manolo Molés
martes 07 de julio de 2020
Las cosas como son. Y hay que reconocerlo y celebrarlo. Francia vuelve a marcar el camino del futuro de la Fiesta. La Francia taurina empezó siendo manejada por los empresarios españoles. Y hubo de todo. Y a veces se les trató como gente que iba a la plaza, pero sin demasiado conocimiento de la tauromaquia. […]

Las cosas como son. Y hay que reconocerlo y celebrarlo. Francia vuelve a marcar el camino del futuro de la Fiesta. La Francia taurina empezó siendo manejada por los empresarios españoles. Y hubo de todo. Y a veces se les trató como gente que iba a la plaza, pero sin demasiado conocimiento de la tauromaquia. Y se equivocaron. Francia ha sido un modelo y un ejemplo de lo que debe ser la Fiesta de los Toros. Lo primero es la búsqueda de la seriedad, del toro bravo y de la Fiesta con emoción. Y ellos lo fueron consiguiendo. Ganaderías selladas por las figuras, y medio pensionistas, en España, acababan lidiándose en la Francia cada vez más aficionada. Cada vez dándole más importancia al toro, a los encastes y a la pluralidad. Y fueron buscando más. Recuperaron la gloria del tercio de varas. Tres rayas hasta llegar al centro del ruedo. Tres o cuatro veces el toro arrancándose en cada colocación más de largo. Y la Fiesta era más Fiesta de verdad. Y pronto anotaron aquellas ganaderías que, o desaparecían en España, o no se lidiaban en ferias porque algunas figuras no las querían ver ni en pintura. Hoy en día no tengo que explicar nada más de Francia (donde también se recuperan toreros que no les echábamos cuentas como Emilio de Justo o Daniel Luque, entre otros). Hoy en día han acabado con los antitaurinos y el último éxito nace de las elecciones recientes para saber qué alcaldes mandarían a partir de ahora. Si serían o no aficionados, defensores o contrarios a la Fiesta de los Toros.

Francia ha sido un modelo y un ejemplo de lo que debe ser la Fiesta. Lo primero es la búsqueda de la seriedad, del toro bravo y de la emoción. Y lo han ido consiguiendo

Y aquí “chapo”. De momento Francia tiene un sistema que habría que instalar en España. Se votó en dos vueltas. Y eso está bien. Ves cómo quedó la primera vuelta y a partir de ahí decides en la segunda. Y pasó algo magnífico. Todos los alcaldes, todos los de las ciudades taurinas, son aficionados y partidarios de este espectáculo. ¿Por qué es así? Porque el pueblo, los votantes de esas ciudades taurinas, solo ha votado a alcaldes taurinos. Más datos: en Dax el alcalde escarbaba ante una tarde de toros. Y ahora el alcalde es aficionado. El voto taurino decide los alcaldes de toda esa enorme franja que va desde Bayona a Ceret; desde el Cantábrico al Mediterráneo mandan los aficionados. Y todo alcalde que quiera gobernar una ciudad o un pueblo de la Francia torista o es aficionado o puede buscarse otro trabajo porque no tendrá nunca votos suficientes para entrar en el Ayuntamiento.

LA LECCIÓN FRANCESA: NUESTRO ESPEJO

Francia fue nuestro apéndice taurino. Ahora es nuestro espejo. Y eso ya no lo puede negar nadie que haya pisado aquellas plazas. Es la lección francesa. Acabaron con los antis, acabaron con los alcaldes no taurinos, acabaron con las trampitas y con el medio toro. Y ahora, recuperados los tres tercios, Francia es nuestro escudo y ejemplo para que la Fiesta no sea una siesta y para que aquí no dependamos de cuatro figuras sino que abramos todas las puertas a la verdad del toro y la lidia. Y no pasa nada. Bueno, sí pasa. Tú vas a los toros a Ceret (recomendable) en la “Cataluña francesa”. Catalanes históricos y no renuncian a ello, faltaría más. Y suena con el público en pie “Els segadors”; y luego el toro íntegro y el espectáculo del tercio de varas y de la lidia. Ganaderías de Juan Luis Fraile, de Saltillo, de Monteviejo, ganaderías duras, en los límites de la emoción auténtica. Y están a dos pasos de Cataluña y hay pasodobles y sardanas y marchas revolucionarias como “la Santa Espina” que se toca siempre a la salida del último toro. Y antes del paseíllo, con el público en pie, insisto, suenan los acordes de “Els segadors”, el himno oficial de Cataluña. Todo correcto, pero que nadie le toque su feria de toros. Ejemplar. Es la “lección francesa”. Una cosa es la política y otra los toros. Es más: si usted quiere ser alcalde procure que le gusten los toros.

Acabaron con los antis, acabaron con los alcaldes no taurinos, acabaron con las trampitas y con el medio toro. Y ahora, recuperados los tres tercios, Francia es nuestro escudo y ejemplo para que la Fiesta no sea una siesta

ANGUSTIA Y DESORDEN

Mientras en las Galias lo taurino goza de buena salud, aquí estamos como podemos. Con necesidad de que acabe esta angustia y que la temporada vuelva a florecer. Pero hay mucho desorden. Unos cuantos valientes, y algún empresario atrevido, van anunciando tardes o noches de toros. Algo se aclara el panorama. Los toreros modestos y alguna figura como Ponce tienen “hambre” por torear. Y asoman tardes atractivas. Pero yo creo que nos falta algo clave, que lo que hacen los más modestos es digno de elogio y apoyo pero están tardando los grandes, los famosos, las figuras. Y yo esperaba que en esta batalla fueran en primera fila del retorno de la Fiesta y eso animara el cotarro. Pero parece que no es así. Se adelantan los meritorios y esperan a ver qué pasa las figuras y sus plazas de lujo. Tal vez tengan motivos para que sea así. Pero los grandes siempre tienen que marcar y de forma clara el futuro. Y si hay que ir a los pueblos se va, que eso es sano y fue siempre la base. Y el orgullo.

En España están tardando los grandes, los famosos, las figuras. Y yo esperaba que en esta batalla fueran en primera fila del retorno de la Fiesta y eso animara el cotarro. Pero parece que no es así. Las figuras deberían contarnos ya qué plan tienen

Las figuras deberían contarnos ya qué plan tienen. Y supongo que si hay toros estarán en las grandes ferias que sobrevivan este año, pero no estaría mal que como paso en la historia de la Fiesta fueran a los pueblos de segunda, por supuesto, pero también los hay de tercera y hasta de cuarta. Y la afición a los toros nace en los campos y en los pueblos. No en los despachos ni en las grandes multinacionales. Yo quiero ver a las figuras en este “estado de emergencia taurina” arremangarse y echar para adelante, si se puede, una temporada que si se diluye hará un agujero en la Fiesta y si se refuerza mejorará las esperanzas de futuro. ¿Qué pediría yo? Que además de torear lo que se pueda, el Coronavirus permita la Feria de Otoño de Madrid, la de San Miguel en Sevilla, las buenas ferias de septiembre y un final feliz en Zaragoza. Y tengo derecho a soñar. Y nos veremos aquí y en Francia, donde hemos recuperado los tres tercios. Y no un bocata. Me gusta más el menú completo.

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