A mi amigo sin nombre, pero con rostro, le van los amores. En plural, que significa desde varios hasta bastantes. El hombre tiene su público. Nada de soldados de reemplazo ni after hours. Mujeres. Con estudios. Es joven y guapo y rico. Ya lo sabía, pero cuando le vi caminar por las calles de la romana, no apostólica y multicultural Nimes, lo certifiqué: camina como si el suelo fuera suyo y pagado a tocateja. Las hipotecas, para los tiesos. Por el Coliseo es un Imperator. Por los aledaños, un senador del Senado. Un tribuno. Gente. En las arenas, un aficionado en evolución. Yo a su lado, un gracioso. Por el Coliseo, pura plebe. En los aledaños, un gladiador viejo que tira de oficio en la noche oscura. En la arena, un jurásico que le gusta la silla de Morante, propiedad mediante regalo del citado, de Simón El Casas. Por la Feria de la Vendimia de Nimes: toros y corridas y arte. Oh. Lalá. (Masiel no, porfa).
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