“No hubo príncipe en Sevilla que comparársele pueda / ni espada como su espada / ni corazón tan de veras”. Y el príncipe traspasó en hombros su puerta, esa puerta por la que salen los toreros capaces de abrirla a fuerza de arte y torería...
LA OPINIÓN DE PACO MORA: "Vaya mansada"
“No hubo príncipe en Sevilla que comparársele pueda / ni espada como su espada / ni corazón tan de veras”. Y el príncipe traspasó en hombros su puerta, esa puerta por la que salen los toreros capaces de abrirla a fuerza de arte y torería. José Mari Manzanares le ha descerrajado una vez más. Cuatro orejas a dos buenos toros de Victoriano del Río que el hijo del otro Manzanares, que también tuvo su idilio con Sevilla, supo hacer mejores. No se puede torear más despacio, más natural ni con la cabeza mejor combinada con el corazón. La Maestranza de Sevilla, ahora de Manzanares, vibró toda la tarde desde que el mozo se abrió de capote hasta que, recibiendo también, como al primero, tumbó de una estocada en la yema a un toro que pedía a gritos el volapié y al que cortarle las dos orejas era un milagro posible hoy por hoy sólo para el de la “terreta”, porque está en gracia de Dios de tal manera que tiene el techo en la estratosfera. Pero José Mari impone su son. Para él no hay normas escritas a la hora de meter la espada. Mata como el corazón le dicta en ese momento en el que nada tiene vuelta atrás.
La gran tarde de Manzanares empalideció todo lo demás, con ser mucho y bueno. Padilla banderilleó a su primero con alarde de facultades y conocimientos y con la muleta hubo pasajes de calidad y buen gusto, que también surgieron con la capa en sus dos toros, de los que el segundo se quedó sin gas apenas iniciada la faena de muleta. Talavante mostró el torero de gran calidad que lleva dentro. Está enrachado pero no tuvo el lote adecuado para su explosión, que llegará en cualquier momento. En Sevilla le queda otra corrida y Madrid le espera para San Isidro. Manzanares y Talavante pueden ser los dos gallos de la temporada. O si no al tiempo.
Los toros de Victoriano del Río, bien presentados y con la casta suficiente para permitir el toreo de alto voltaje estético que se espera de las figuras actualmente. Porque vamos a dejarnos de monsergas; ese toro que va y viene, como lo torean cuatro o cinco toreros no son capaces de torearlo todos los demás del escalafón. Por eso la Maestranza ha registrado hoy un lleno. Y El Juli y Perera “represaliados” por levantar el gallo con el G-10 y los derechos de imagen, y sobre todo por la poca capacidad negociadora de un tal Folqué para restañar heridas y enderezar entuertos, hacían falta en el abono sevillano, que de los ocho primeros espectáculos de su feria no ha visto el color del dinero más en uno; el de hoy.
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El Príncipe descerrajó su puerta
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