Ahora va a resultar que la culpa de que el público llene las plazas al reclamo de “los tres tenores” es de los periodistas. ¡Qué boda sin la tía Juana! ¿Y quiénes son los culpables de que en las corridas del toro elefantiásico, con mucha romana y descomunales pitones, el cemento se erija en protagonista? En este país, en el que tanto se han echado de menos durante muchos años las libertades de expresión y de crítica, la verdad escrita sigue levantando ronchas.
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