Varea, en sus tiempos de novillero sin picadores, en Lucena del Cid (Castellón).
Todo no tiene que ser chungo. Ahora unas líneas para poner en valor un decreto del gobierno valenciano que permite al toreo recuperar territorios que le estaban vedados en las últimas décadas. Las calles de Valencia, donde históricamente aprendieron las primeras letras del toreo tantos y tantos jóvenes de aquí y de todas partes, nos las habían usurpado a golpe de decreto, norma, reglamento y trabas diversas; pues bien, ahora por mor de un dirigente comprometido con el respeto y la libertad de cada cual, han vuelto a abrirse al toreo. La medida es de tal trascendencia, a poco que se sepa aprovechar, que supone multiplicar por mil las aulas de la escuela taurina y la promoción de la Tauromaquia, arte que comenzaba a ser un auténtico desconocido para los jóvenes de los pueblos donde encontraba su vivero natural. Así que si los jóvenes no vienen a la plaza, se antoja clave que la plaza vaya a los jóvenes y los jóvenes están en la calle. Ahora solo falta aprovechar la oportunidad.
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El toreo reconquista la calle
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