Opinión

El toreo y los jóvenes

Casi es milagroso que la fiesta de los toros se mantenga como una manifestación principal de la cultura de España. El granero de los aficionados del futuro, la juventud, no tiene noticias de la grandeza del toreo, de la verdad que supone el enfrentamiento entre el toro y el torero. La mayoría de los jóvenes están aislados de los toros. Solo quienes por influencia familiar, o por descubrimiento ocasional, conocen los secretos de la tauromaquia pueden ser los aficionados de los años venideros. Y ese número es más bien escaso. Es uno de los grandes problemas que vislumbro de aquí a poco tiempo. La juventud apenas conoce el toreo.

La mayoría de los jóvenes están aislados de los toros. Solo quienes por influencia familiar, o por descubrimiento ocasional, conocen los secretos de la tauromaquia pueden ser los aficionados de los años venideros. Y ese número es más bien escaso

En los colegios e institutos está prohibido organizar actividades taurinas. La difusión en los medios de comunicación es cada vez más limitada. La televisión pública ha dejado de ofrecer corridas en directo. Mantiene un buen programa escondido en la parrilla, pero es muy poco para lo que supone su impacto económico y social. En general, los minutos que las televisiones -públicas o privadas- dedican a los asuntos del corazón de los toreros es infinitamente mayor que el que informa de sus triunfos. Un chaval sabe perfectamente las idas y venidas de algún torero con su nueva novia, pero no sabe que ese matador es un torero de época. El canal privado de toros no está al alcance de muchos hogares, mucho más en la actual situación de precariedad. El joven que quiera alimentar su afición debe hacer juegos malabares para nutrirse. Para amar algo hay que conocerlo. Si una gran parte de la sociedad actual con menos de treinta años no conoce la Fiesta, será difícil que pueden sumarse al grupo de sus protectores.

En este asunto del abandono de la juventud se está jugando el futuro. Se habla mucho de la destaurinización (ruego que se admita la palabra) de la sociedad. Y es verdad que se han perdido muchos signos de identidad taurinos que antes eran habituales en nuestras costumbres. Conozco jóvenes que se sorprenden de mi afición a los toros. No es que no lo entiendan; es que no saben a qué soy aficionado. Y eso es completamente lamentable.

No tengo ninguna fórmula terapéutica para mejorar esta enfermedad. Sin embargo, desde los órganos que rigen la fiesta es necesario buscar soluciones. Y deben implicarse todos, desde la Fundación del Toro de Lidia a cada una de las patronales del sector. O informamos a la juventud de la grandeza del toreo, o en breve nuestra pasión será una actividad casi anecdótica en España.

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El toreo y los jóvenes

Carlos Crivell

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