La corrida de Pablo Romero de los sanfermines de 1987, de excelente presentación, fue dura y dio juego en las cabalgaduras. Hasta 26 varas tomaron los animales cárdenos del mítico hierro andaluz. Entre ellos se encontraba “Chivito”, de 651 kg, lidiado en segundo lugar por Luis Francisco Esplá. Recibió ocho puyazos con poder y, aunque fue manso, derribó dos veces e hirió de gravedad al picador Victoriano Cáneva.
Pamplona vivió todo un espectáculo en un tercio de varas que aún se recuerda. Los toros de Pablo Romero, con trapío y fuertes, no se lo pusieron fácil a los picadores. Sobre todo el segundo de la tarde, de nombre “Chivito”, que protagonizó un espectacular tercio de varas y propinó una de las cornadas más graves que ha recibido torero alguno en el coso pamplonés.
Según la crónica de APLAUSOS, en el primer puyazo "Chivito derriba de forma impresionante a Manuel Cid, que se tiene que refugiar. Al ver al caballo sin jinete se arrancó por dos veces desde lejos echándoselo a los lomos en las dos veces”.
A continuación tomó un puyazo del otro picador, Victoriano Cáneva. “Se fue a los medios y volvió como un tren al caballo tomando otro puyazo y derribando en un primer momento”. El picador salió despedido y al caer sobre el pitón, “el toro le dio una cornada que interesó hígado y pulmón”. Le trasladaron a la enfermería y su compañero Manuel Cid le dio cinco puyazos más “entre grandes ovaciones del público, mientras el pablorromero seguía manteniendo arrogante su enorme poder. Tomó un total de ocho varas”.
Un duro castigo que el toro acusó en la muleta. Esplá no pudo lucirse y recibió una bronca por haberse negado a coger las banderillas. A “Chivito” se le pidió la vuelta al ruedo que no fue concedida.
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