EN NUESTRO 40º ANIVERSARIO

El último artículo de Iván Parra en Aplausos

Redacción APLAUSOS
sábado 21 de noviembre de 2020
Hizo un recorrido por la evolución de la Fiesta en Colombia

Durante muchos años Iván Parra, fallecido este sábado, ejerció de corresponsal de Aplausos en Colombia. Las crónicas de las principales ferias del país llevaban su firma y también colaboró con artículos sobre la Fiesta en Colombia. La última colaboración, cuando ya tenía problemas de salud, fue con motivo del 40 aniversario de Aplausos. En esa publicación hizo un recorrido por la evolución de la tauromaquia en el país colombiano. Este fue su último artículo en Aplausos:

La era del César Rincón

Recordar los últimos cuarenta años de la tauromaquia colombiana es como recordarla casi toda, pues es el tiempo en el que ha cosechado sus mejores frutos. Antes de este periodo tal vez sea, apenas, un bello ejercicio de nostalgia de visitas de honorables maestros que empezaban a experimentar su decadencia.

Es necesario hacerle un homenaje a la casta y a la personalidad de Pepe Cáceres, un torero que fue capaz de competir con los visitantes más grandes gracias a su esfuerzo y pasión. A la constancia y al pundonor de Jaime González “El Puno”, un diestro que no volteaba la cara ni herido. El festival de doña Carmen Polo de Franco en Madrid es la mejor manera de recordarlo. A la clase y al buen hacer de Enrique Calvo “El Cali”, con sus trazos limpios y su acertada colocación. A la profundidad de Jorge Herrera, un diestro sólido, largo, que podía con los toros. Y a las buenas maneras, aunque frágiles, de Jairo Antonio Castro. Pero sobre todo hay que hacérselo al gran César Rincón. Por su versión del valor y de las distancias y sus inolvidables gestas en Madrid, especialmente. Europa le debe reconocer a Rincón que nunca se le fue un toro importante. Se dice fácil… César mantuvo, durante su permanencia en los ruedos en Colombia, vivo el auténtico espíritu de la Fiesta.

Las grandes casas de empresarios españoles regentaron también nuestras plazas. Los Lozano llegaron a dar temporadas de más de diez tardes en la muy respetable Santamaría de Bogotá y en la coqueta placita de toros de Medellín; Pablo, Eduardo y José Luis Lozano extendieron sus dominios hasta Cartagena de Indias.  Manolo Chopera, asociado con Jaime Arango, reinó durante muchos años en Manizales, donde consolidó una feria de profundas raíces populares. Los hermanos Camará llevaron con éxito, durante más de un lustro, la plaza de El Bosque, en Armenia.

Actualmente, los empresarios nacionales las sostienen con esfuerzos destacables y muchos aprendizajes, especialmente Felipe Negret, aguerrido y brillante defensor de la Santamaría.

A Colombia vinieron en los últimos 40 años  El Cordobés, Antoñete, Ojeda, Camino, El Viti, Palomo, Teruel, Manzanares, Robles, Capea… y otras grandes figuras; las de ahora -Tomás, Juli, Ponce, Manzanares hijo, Hermoso y otros espadas- hacen exigencias económicas delirantes; ponen condiciones que no puede cumplir ni el empresario más creativo y audaz; asumen posturas caprichosas que terminan de hundir más la espada que le podría dar muerte a la fiesta brava en este país.

Los mismos que vinieron y desfilaron defendiendo la libertad como la más importante condición humana, arrinconan con sus estrafalarias condiciones y egos la más bella manifestación de la cultura.

A pesar de que la atacan desde diversos flancos, la Fiesta en Colombia se ha logrado mantener gracias a sus cuatro pilares: la temporada grande de Bogotá, que revive después de una fuerte tormenta de incoherencias políticas, la Feria de Cali, que llegó a reinar durante varios lustros, la muy visitada Feria de Manizales y la cada vez más corta, mal promocionada y gestionada temporada de Medellín.

Sería injusto olvidar a un número grande de toreros que se han jugado la aventura taurina de Europa para hacerse matadores de toros de acuerdo a las formas y las normas del buen proceder y que hoy en día sigue siendo la ilusión de los jóvenes que escogieron para su futuro esta difícil profesión.

Nos resistimos a doblar. La dignidad -políticos y figuritas- es una condición que no nos arrebatarán los insensibles. No nos verán de rodillas mendigando derechos. Moriremos de pie, en el centro del ruedo, alimentándonos de nuestra propia sangre si es necesario. De nuestro amor propio. ¡Que viva la fiesta nacional también colombiana! Y, a pesar de los pesares, que la podamos seguir disfrutando por lo menos durante los cuarenta años siguientes.

Murube y santa coloma

En la crianza del toro hay que conocer la manera soñada de embestir del cruce Made in Colombia de los encastes Murube y Santa Coloma, que han desarrollado en el laboratorio a campo abierto del Nevado del Ruiz Ernesto Gutiérrez y su hijo Miguel. También la fortaleza de un gremio ganadero que, aunque corto, siempre ha respondido con buenos productos: Guachicono (Luis Fernando Castro), Santa Bárbara (Carlos Barbero), Ernesto González Caicedo, Fuentelapeña (Abraham Domínguez), Vistahermosa (Antonio García), Mondoñedo (Fermín Sanz), Achury Viejo (Felipe Rocha) y Las Ventas del Espíritu Santo (de nuevo César Rincón), entre otros.

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