Hay vidas de paso y vidas de estar. Madrid se acostumbra poco a poco a hacernos la vida de paso. Para estar, apenas nos queda el barrio, en donde un buenos días lleva exactamente esa intención. Se acompaña con una mirada que sabe a cafelito con churros. El barrio es ese sitio que pone el pasillo en el kiosco, la sala de estar en el bar de la esquina y tu gripe la conoce el portero de tres fincas más adelante. Hay barrios que están y luego los que se hacen. Por ejemplo, Las Ventas era como un gran barrio de aficionados, donde tu gripe también se conocía, y las notas de los chicos, y la penúltima novia. El toreo era nuestra vida para estar, teníamos un barrio alrededor del asiento, el buenas tardes acompañado de una mirada que decía buenas tardes. Sin dejar hablar a la melancolía, a esos barrios los derribó la especulación voraz de una vida rápida, una virtualidad que cambió el buenos días por un murmullo de simio acompañado por una mirada de alienígena.
Lea el artículo completo en su revista APLAUSOS
Acceda a la versión completa del contenido
El vuelo de los vencejos
El cohete que advierte del inicio del encierro ha corrido a cargo de Tomás Páramo.…
Un coso al que regresaron los toros por todo lo alto tras varios años de…
La capital charra ha vuelto a rendir honores un año más al maestro con la…
Ambas localidades cierran sus tradicionales carteles de abril
Harán el paseíllo los tres matadores de toros que tiene Navarra, los tres ‘javieres’: Javier…
La terna se repartió un total de seis orejas en una tarde de adversidad. Andy…