VENEZUELA

Emilio de Justo y Olga Casado, a hombros en Mérida

Rubén Darío Villafraz
martes 17 de febrero de 2026
El espada cacereño se hace con las embestidas de un complicado y nada fácil astado de hierro de Campolargo mientras que la novillera madrileña le acompaña por la puerta grande

Este lunes se vieron en Mérida (Venezuela) cuatro toros de lo que debe ser norma y regla en ferias de la categoría de esta. Preciosos de lámina, con kilos verdaderos, lucían trapío de toros, e impusieron las complicaciones propias de la edad. Exigieron a las cuadrillas y en especial a los toreros, quienes cada uno en sus posibilidades le sacaron partido.

La faena de la feria la realizaría ante el cuarto de la función el debutante espada cacereño Emilio de Justo, quien dejó impreso los muletazos de más mérito y de mayor calado artístico de la feria. Supo entender desde un principio las opciones de lucimiento que ofrecía el bello castaño ojinegro Embajador II, que no perdonaba equivocación alguna. Se lo hizo ver al peonaje, en una lidia que requirió tacto y conocimiento de terrenos, elementos que De Justo supo evaluar. Las series por ambas manos, en especial por la derecha, así como los naturales por este mismo pitón fueron un canto al toreo caro. El espadazo en todo lo alto hizo que en los medios rodara sin puntilla el bravo astado, y con ello la petición unánime de las dos orejas y la vuelta al ruedo al astado.

Poca historia tendría que contar De Justo con el que abrió plaza, serio ejemplar, al que quiso lucirle en la media y corta distancia, siempre llevándole templado y con mando, pero que era toda una "joyita", pues en más de una ocasión le tenía en el punto de mira, a la espera de hacer presa, como se lo hizo ver en ese arreón de manso en la querencia de bajos de sol.

Fue esta faena la ejecutada por De Justo en el ecuador de la tarde, lo mejor de una función un poco anodina y por momentos tediosa. El espada tachirense Antonio Suárez no lo vería claro con ningunos de los dijes que le tocaría por la mañana en el sorteo.

El morbo por ver a la novillera Olga Casado se vería truncado con la rara salida de toriles de su primer novillo, que manifestaría un acentuado defecto visual, lo que le haría saltar al callejón y dejar aún más manifiesto esta condición. Corrido el turno, el que cerraba feria saltaría de tercero bis, de la misma manera exigiría lo suyo a la joven espada. El espadazo, trasero y tendido, valdría para una generosa oreja, dosis que de nuevo repetiría en el que cerró plaza, un novillo de El Prado, de corto recorrido y áspero al momento de pasar en el embroque, que llevó por ambas manos. De nuevo le despacharía con habilidad de estocada tendida y descabello.

Mérida (Venezuela), lunes 16 de febrero de 2026. Toros y novillos (3º) de Campolargo, bien presentados, exigentes y a menos, sobresaliendo el cuarto, Embajador II, número 358, premiado con una excesiva vuelta al ruedo. Y uno novillo de El Prado (6º bis) Emilio de Justo, silencio y dos orejas; Antonio Suárez, silencio y oreja; la novillera Olga Casado, oreja y oreja tras aviso. Entrada: 7.000 espectadores.

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